11 de marzo de 2018

ÁFRICA, ¿LA NUEVA CHINA?


Hace unos días me hablaron de que algunas empresas habían empezado a trasladar factorías de manufactura a Etiopía. He estado buscando qué se está moviendo por África. Efectivamente, según The Economist o Quartz, parece que existe ya un pequeño clúster de manufacturing en Etiopía, donde algunas empresas americanas y chinas han empezado a invertir. China ya ha instalado allí plantas de fabricación de zapatos.  Me ha sorprendido que China haya invertido 34,8 billones de dólares en estructuras energéticas en África desde el 2000. Un tercio de la inversión extranjera que los bancos públicos chinos destinaron a proyectos energéticos en 2017 se encuentran en África (más que la inversión en el Sudeste Asiático). Según la London School of Economics “China está tratando de replicar su modelo de desarrollo económico en África”. Xi Jimping, el líder Chino cuyo mandato podría prolongarse a perpetuidad, según lo decidido en el reciente congreso de Partido Nacional del Pueblo, ya anunció en 2015 inversiones de 60 billones en África, para “afrontar un futuro común”. El aterrizaje chino en África empieza a notarse: según un estudio desarrollado en 36 países africanos, el modelo económico chino es el más deseado, sólo detrás del americano. En África Central, el 35% de los entrevistados aspiran a convertir sus países en las nuevas Chinas. El 63% de africanos creen que la influencia china es “algo” o “muy” positiva, con máximos en Mali (92%), Níger (84%) y Liberia (81%).

África suspira por convertirse en la China de la segunda mitad del siglo XXI, y China busca espacios de expansión estratégica en África. En ellos, quizá se ubiquen más de 80 millones de empleos que se deslocalizarán en los próximos años de China, según The Economist. La manufactura de bajo coste china rastrea nuevos destinos a medida que en China el coste de la mano de obra se incrementa, la fiscalidad crece, y los controles medioambientales se intensifican. África puede competir en un espacio productivo para aquéllas actividades donde la automatización todavía no será rentable. Etiopía o Zimbabwe son dos de los países con los que el gobierno chino ha establecido marcos de cooperación, aunque la inestabilidad política dificulta la continuidad de los mismos. La emigración china a África llegó a un máximo en 2013, pero los emprendedores chinos todavía encuentran dificultades de fuentes de suministro energético, o en la provisión de mano de obra mínimamente formada.

La economía continental de África es la que crece más rápidamente del mundo (eso no es difícil, dado el bajo nivel de partida). Pero McKinsey predice que el mercado B2B crecerá un 50% hasta el 2025 en África, consolidando una incipiente clase media. Hacia 2034 dispondrá de una fuerza de trabajo superior a la de China o India. Su producción en manufactura podría doblarse, de 500 a 930 billones en 2025, creando las condiciones necesarias para generar competitivos ecosistemas productivos. La productividad en Argelia, Egipto, Marruecos o Sudáfrica es comparable a la de países emergentes en Europa del Este, Sudeste Asiático o Latinoamérica. Las exportaciones del África Subsahariana se triplicaron entre 2005 y 2015, con crecimientos sostenidos del 10-15% del PIB en manufacturing. Y las 700 empresas mayores de África (sean africanas o de capital extranjero) crecen más rápidamente que sus homólogas del resto del mundo.

H&M y Primark (fabricantes de ropa) se aprovisionan en Etiopía. General Electric ha construido una planta en Nigeria para fabricar material eléctrico. Madecasse (fabricante de chocolates americano) dispone de una planta con 600 trabajadores en Madagascar. Mobius Motors, empresa fabricante de automóviles fundada en Kenya por un británico provee vehículos a diferentes países africanos. La extensión del retailing y de la telefonía móvil, y un emergente manufacturing, incrementan la demanda de mejores infraestructuras energéticas y crean mercados más sofisticados. Las inversiones fluyen. Se empiezan a crear comunidades africanas de desarrollo de apps, y grandes empresas de software ponen la vista en África buscando programadores de bajo coste. Para alguna de ellas, el software será el nuevo manufacturing.

Desde 1980, el PIB chino ha crecido a una tasa de entre el 6% y el 15% anual. La progresión es geométrica. El crecimiento, exponencial. Hoy, es la segunda economía del planeta, sólo por detrás de EEUU. Pero en 1980, su PIB era sólo de 100.000 millones de dólares (160 veces menor que hoy). Etiopía o Kenia tienen PIBs similares a los de China en 1980. Sus economías están despegando (se han multiplicado por 6 desde 2005). Y las condiciones de contorno (excepto la inestabilidad política) son similares a las de China en 1980. ¿Conseguirá África superar su maldición secular, y emerger como lo ha hecho China en los últimos años?

No hay comentarios:

Publicar un comentario