5 de febrero de 2017

CUANDO LOS ROBOTS VAN DE FAROL

Tras conquistar el podio del ajedrez mundial en 1997, y del go (juego oriental de estrategia) en marzo de 2016, esta semana la inteligencia artificial  (AI, Artificial Intelligence) ha superado otro hito en su capacidad de desarrollo de pensamiento estratégico en un juego de competición: en el Rivers Casino de Pittsburg, el sistema Libratus de Carnegie Mellon derrotó a los cuatro mejores jugadores de póker del mundo. No es un tema menor. Vencer en póker significa que las máquinas pueden desarrollar algún tipo de intuición estratégica: pueden hacer hipótesis válidas sobre las combinaciones de cartas que tienen sus oponentes, y que no están a la vista. Los algoritmos son capaces de detectar cuándo el comportamiento de un jugador muestra expectativas superiores a sus posibilidades reales de ganar (cuándo va de farol), aunque las cartas de los competidores permanecen escondidas, y objetivamente es imposible determinar si una jugada es buena o no. La épica contienda de póker contra un supercomputador en Pittsburg (que duró 20 días) ha mostrado que los algoritmos saben desplegar estrategias acertadas en entornos de información imperfecta. Si en ajedrez o go (los últimos juegos de estrategia conquistados por las máquinas) toda la información está en el tablero de juego, en póker, como en la vida real, se juega con información limitada y contra estrategias rivales que simulan capacidades falsas (“faroles”). A la vez, el propio algoritmo ha de ser capaz desplegar movimientos cuyo objetivo sea engañar o desorientar al adversario. La máquina simulaba sobreexpectativas. Los robots también se marcan faroles.

Libratus, el ordenador vencedor, disponía de sistemas de redes neuronales profundas (deep neural networks), y mecanismos de aprendizaje de refuerzo (reinforcement learning), un sistema que le permitía aprender de sí mismo mediante prueba y error. Si AlphaGo (el sistema de Google que venció al campeón mundial de go) analizó 30 millones de partidas de go para aprender el juego, Libratus aprendió póker de la nada, interactuando consigo mismo, para acabar batiendo la mejor intuición humana. Libratus representa una nueva línea de sistemas de uso genérico que pueden ser aplicadas a cualquier campo de la economía y la sociedad. Y, sin duda, van a ser aplicadas masivamente en los próximos años.

La inteligencia artificial (AI) comprende un amplio conjunto de sistemas de información capaces de interactuar con el entorno, comprender y procesar datos, actuar en consecuencia para lograr determinados objetivos, y aprender de sí mismos. Integra múltiples tecnologías que permiten a los computadores percibir el mundo (visión por computador, procesado de audio, sensores), analizar y entender la información adquirida (incluso lenguaje natural), tomar decisiones, evaluar los resultados, y corregir sus mecanismos  de decisión para aprender de su experiencia. Este campo de la tecnología va a revolucionar la práctica totalidad de sectores económicos en los próximos años. Lamentablemente, estamos abstraídos de este debate, cerrados en nuestra cotidianeidad y atónitos ante la especie de apocalipsis político que estamos viviendo tras las primeras semanas de Trump en la Casa Blanca. Pero una revolución sin precedentes se está gestando en la interacción entre  la lógica matemática, la tecnología y la estrategia.

La consultora Gartner nos dice que tecnologías “core” de la inteligencia artificial se encuentran actualmente en el máximo de su ciclo de sobreexpectativas. Es decir, que quizá su impacto real en el futuro sea inferior al que actualmente se considera. Pero no lo creo. Personalmente, pienso que la AI va a ser el gran catalizador de la nueva revolución industrial (industria 4.0) y del siguiente paradigma web (que no va a ser un paradigma de búsqueda de datos, sino de interacción mediante lenguaje natural: vamos a conversar con nuestros PCs). De hecho, no directamente con nuestros PCs, sino con asistentes electrónicos conectados vía cloud a un centro de supercomputación con terminal doméstico. Y es que, si bien hace ya muchos años que la AI se está gestando en universidades y centros de investigación públicos, ahora ya finalmente ha saltado al campo privado y se ha situado en el centro de las tecnologías estratégicas que precisarán los grandes líderes empresariales emergentes (e indiscutibles) de la economía del siglo XXI. Esta semana hemos sabido que Apple se ha unido al gran consorcio formado por Facebook, Amazon, Google, IBM y Microsoft para unir esfuerzos en el desarrollo de la inteligencia artificial. Estas compañías son hoy las más ricas del mundo por capitalización bursátil. Amasan montañas de dinero en cash. ¿Se imaginan la velocidad de crucero que tomará la inteligencia artificial en los próximos años con estas superpotencias tecnológicas impulsando su desarrollo?




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