25 de junio de 2017

HISTORIA DE DOS EUROPAS

Esta semana se ha publicado el nuevo Regional Innovation Scoreboard que elabora la Comisión Europea. 53 regiones, especialmente en el centro y norte de Europa, han sido clasificadas como “Innovation Leaders”. 60 regiones más, de la corona central europea, son “Strong Innovators”. 85 regiones, alejándonos del centro tecnológico e industrial europeo son “Moderate Innovators”; y 22 regiones (sobre todo en los países del Este) son clasificadas como “Modest Innovators”. En esta ocasión, dentro de cada categoría, se han definido subcategorías de colores para posicionar exactamente dónde se encuentra cada región.


Respecto a la edición 2016, se observa una aceleración de la capacidad innovadora de los líderes, especialmente en el crecimiento de sus publicaciones científicas, y en el número de empresas que se consideran innovadoras. Se consolidan “bolsas de excelencia” (en palabras de la propia Comisión Europea), regiones especialmente innovadoras en países con baja capacidad de innovación: Praga, en la República Checa; Bratislava, en Eslovaquia; y Euskadi, en España. La zona más innovadora de la Unión Europea es Estocolmo, seguida de Hovedstaten en Dinamarca, y South East en Reino Unido. Considerando las zonas no comunitarias de Europa, el líder absoluto es Zúrich (Suiza).

En 128 de las 216 regiones (60%), la innovación ha crecido. Entre los líderes, la proporción de regiones que mejora es del 75%. Sólo el 55% de las regiones de 2ª y 3ª división mejoran, mientras que un escuálido 30% lo hacen entre las regiones de cola: el gap se incrementa. Todas las regiones de Austria, Bélgica, Francia, Holanda, Noruega, Eslovaquia, Suiza y el Reino Unido muestran hoy mayor fuerza innovadora que hace un año. La dinámica de innovación coge velocidad donde existen sólidos ecosistemas innovadores, masa crítica de centros de excelencia y empresas innovadoras, y un marco institucional que prioriza de forma absoluta la innovación como forma de competir y de crear valor para la sociedad.

Europa sigue escindida entre un centro-norte que consolida sus economías basadas en conocimiento, tecnología e industria, y una periferia donde la innovación sigue siendo un bonito slogan que figura en todos los planes estratégicos, pero en muy pocos presupuestos reales, ni públicos ni privados. El mapa nos indica qué zonas de Europa tienen realmente capacidad de generar riqueza y de sostener estados del bienestar. Por si a alguien se le olvida para qué puede servir esto de la innovación, pongo otro gráfico: el de la hucha de las pensiones. Saquen ustedes mismos las conclusiones...


23 de junio de 2017

LECCIONES DE CARLOTA PÉREZ

Post escrito por Jordi García Brustenga, a raíz de la visita de la profesora Carlota Pérez a Barcelona. La doctora Pérez es Centennial Professor de la London School of Economics y profesora de Tecnología y Desarrollo Socioeconómico en la Tallin University of Technology. Es una de las voces globales más autorizadas en economía del cambio tecnológico y en el análisis de su impacto. 

6 de abril de 2017. La Sala de Grados de la Facultad de Económicas de la Universidad de Barcelona llena hasta los topes. El proyecto TRINNO, en el marco del programa Interreg Europe, organiza una conferencia que acaba con unos aplausos que me recuerdan las buenas obras de teatro, haciendo salir al escenario los actores y actrices una y otra vez. Carlota Pérez nos ha dado una buena noticia, quizás por esto tantos aplausos. O quizás porque lo explica como si fuera un cuento de aquellos redondos, con una moraleja clara e inspiradora.

Nos dice sólo empezar que estamos como en los años 30 del siglo pasado. Era entonces y es ahora un momento histórico de oportunidad para nuestra sociedad, nuestra economía y nuestro planeta. Los últimos años han estado de crisis intensa, generada en su base por una revolución tecnológica e industrial que nos ha aportado una serie de nuevos conocimientos y tecnologías con el denominador común de las llamadas TIC. Esta digitalización nos transforma la manera en la que vivimos, consumimos y producimos bienes y servicios. Pero hasta la fecha esta revolución ha sido desordenada, desigual y forzada, como siempre hacen al principio las revoluciones tecnológicas. Y esto es porqué la nueva tecnología y sus aplicaciones han corrido sobre un mundo y una cultura construidos por la anterior revolución, analógica.

Cada vez que ha habido este desencuentro de nueva tecnología sobre viejo mundo, el proceso ha acabado históricamente en una burbuja financiera y una crisis global, que nos lleva, a la mayoría, a tocar fondo como personas, organizaciones, sectores y sociedad. Y la buena noticia a la que me refería al principio es que, también históricamente, hemos salido de estas crisis con una segunda época de la revolución tecnológica, llamada “época dorada”, en la que colectivamente somos capaces de extender los beneficios asociados a las nuevas tecnologías a la mayoría de la sociedad, ahora sí, de manera ordenada, reduciendo las desigualdades e involucrando a todos los agentes sociales y económicos en esta transformación.

En los años 30, mirado en perspectiva, la revolución tecnológica fue esencialmente eléctrica, química y automovilística. Su época dorada, que terminó con nuestra crisis, se basó en la producción y el consumo masivo de productos industriales, liderados por el coche utilitario y los electrodomésticos para un hogar significativamente más moderno. Tuvo como consecuencia la mejora de la calidad de vida de mucha gente, especialmente de una numerosa clase media que podía y debía comprar su coche, su nevera, su lavavajillas, etc., para su nueva casa lejos del centro de la ciudad. A la vez, este cambio de “estilo de vida” supuso un impulso brutal de la economía basada en la producción y venta en masa de estos nuevos productos estrella, imprescindibles de esa época dorada.    

Hoy estamos en una nueva oportunidad, como aquella, de empezar nuestra época dorada. En este caso, las nuevas tecnologías están llamadas a digitalizar nuestra vida, nuestro consumo y nuestra producción de bienes, servicios y experiencias. El nuevo estilo de vida es radicalmente mejor conectado, más colaborativo y menos consumidor de energía y recursos naturales. La estrategia, una vez más, pasa por desarrollar, de manera ordenada, inclusiva y participada, una transición hacia las nuevas nociones de sociedad y economía. La nueva vida digital nos debe aportar incrementos en la calidad de vida de la mayoría, un mucho menor impacto sobre el clima y el planeta y, también, un crecimiento económico transversal a muchos sectores, que genere empleo para toda nuestra población activa.

Esta nueva versión de actividad económica será necesariamente compartida entre humanos y robots (co-botización) y priorizará los servicios intangibles por encima de la producción de bienes tangibles. Veremos cómo se alarga la vida útil de los productos industriales, cómo crecen los sectores y las profesiones hacia actividades de mantenimiento y de personalización y mejora de la experiencia de cliente. Ésta es la gran oportunidad de nuestra generación, después de nuestra gran crisis. Tenemos, además, la posibilidad de aprender de la historia.

Finalmente, pero, Carlota Pérez nos indica que esta época dorada no vendrá sola, naturalmente. Necesitamos una clase política, empujada por la sociedad civil y coordinada con el sector empresarial, que ponga norte común hacia este nuevo paradigma de sociedad y economía. Alguien que nos explique la nueva “buena vida”, que quite los miedos a las consecuencias de las nuevas tecnologías (“¡que viene los robots!”) y que acompañe al sector empresarial en su digitalización a la vez que asegura un poder adquisitivo digno para toda la ciudadanía, seguramente replanteando la estructura fiscal y redistributiva. Si no existe este liderazgo, la alternativa es el populismo de vuelta al pasado, el proteccionismo basado en el miedo al exterior y al extranjero y el riesgo de nuevas crisis y, históricamente, de guerras globales.


Volviendo al inicio, la UB fue escenario de un mensaje positivo e inspirador para nuestro futuro. Ahora nos toca ponernos manos a la obra. Conversar, consensuar, aprender de lo que nos está pasando, escuchar al otro, integrar sus intereses y perspectivas. Y, juntos, dibujar cómo queremos vivir en las próximas décadas. Y cuando lo hagamos visionado colectivamente, incentivar la industria en la producción de bienes, servicios y soluciones que den respuesta a las necesidades y valores de este nuevo estilo de vida. ¿A qué esperas para convocarnos, político valiente y honrado, que aspiras a ponerte delante en esta nueva época dorada? Aquí nos tienes, degustando aún la buena noticia de Carlota.    

Jordi Garcia Brustenga

17 de junio de 2017

ESPAÑA: INNOVACIÓN AFRICANA

Esta semana se ha presentado el nuevo Informe COTEC 2017 sobre el estado de la innovación en España. El resumen ejecutivo viene encabezado con una frase que resume el conjunto: “lejos de Europa”. La inversión en I+D sobre PIB (el indicador “rey” de cualquier sistema de innovación) sigue cayendo, por quinto año consecutivo. Pese a que los datos absolutos de I+D se recuperan ligeramente, el PIB crece más rápido. Por tanto, la intensidad tecnológica de la economía, disminuye. Es difícil encontrar un indicador más claro de lo que todos percibimos en la calle: se recupera la economía, sí, pero volvemos a las andadas. Sol, playa, paella y sangría. Vuelve la fiesta del sector de la construcción. Se prepara una nueva orgía inmobiliaria, y eso de la invención, sigue, desde tiempos de Unamuno, en manos de otros. Según COTEC, “España se separa de la tendencia dominante de las principales economías de la zona euro y del resto de potencias consolidadas y emergentes”. El conjunto de la UE invierte un 25% más en I+D que antes de la crisis. La economía española, un 10% menos. Todavía no hemos recuperado el nivel de inversión en I+D de 2008. Una década perdida en ciencia, tecnología e innovación. El retroceso acumulado, según COTEC, “nos devuelve a la posición de 2004” en términos relativos a Europa. Es destacable la baja inversión de las grandes empresas, y, en cambio, el notable esfuerzo de las PYMEs, que parece que sí que empiezan a mostrar patrones similares a los europeos, y acuden desesperadamente a los fondos europeos para la innovación (ningún otro país de Europa tiene PYMEs tan eficientes en la atracción de recursos europeos). No es un consuelo: si buscan fondos es porque los necesitan, y no los encuentran (como deberían) en otras administraciones más cercanas. Al fin y al cabo, si Bruselas destina recursos, ¿para qué vamos a destinarlos nosotros?

Las grandes empresas, ni están ni se las espera. No obstante, ¿de qué nos extrañamos? Una mirada al ÍBEX nos lleva directamente a buscar pastillas antidepresivas: empresas constructoras, hoteleras, financieras, distribuidoras… Escasísimas excepciones de empresas que compitan en clave tecnológica. Da para una tesis doctoral analizar el tipo de tracción competitiva que estas empresas pueden ejercer sobre la economía, y la I+D que son capaces de desplegar. A todo ello se suma la gran visión estratégica de nuestros gobernantes, con recortes acumulados del 50% en las partidas de ciencia y tecnología, muy superiores a los anunciados (30%), pues se han puesto en marcha ineficientes instrumentos de soporte a la I+D, que no pueden ser ejecutados por su complejidad burocrática o por ser financieramente inadecuados a los fines que teóricamente persiguen (créditos garantizados para proyectos de alto riesgo tecnológico, en lugar de ayudas directas).

En España, el 52,5% de la inversión total en I+D la ejecutan empresas. Una proporción anormalmente baja (en Europa, es del 63,3%; en países líderes, como Japón, es del 75%). Eso no significa que el sector público haga un esfuerzo proporcionalmente muy superior (lo que parecería positivo, y podría entenderse a primera vista), sino que el esfuerzo del sector público es absolutamente ineficiente para estimular inversiones privadas (no existe el famoso “efecto multiplicador”, ni “matching funds”, ni “colaboración público-privada”, palabras largamente de moda en innovación). Digamos que cada uno va a lo suyo: las empresas, a seguir en el core business (sin estímulos extras para abordar proyectos de mayor complejidad tecnológica), y los centros de investigación a seguir investigando (con pocos o menos recursos, pero sin estímulos extraordinarios para trabajar con empresas). Además, casi la mitad del gasto empresarial en I+D lo ejecutaron PYME’s (en economías avanzadas, el 70-80% de esa partida la ejecutan grandes empresas). Como por aquí no abundan las grandes empresas tecnológicas, ni existen estímulos serios al crecimiento de sectores de alta tecnología (a partir, por ejemplo, de start-ups universitarias), tendremos que imaginar que algún día alguna inmobiliaria o banco decida filantrópicamente destinar algún recurso a la I+D. Mientras, nuestros hijos tendrán que ir esperando a ver si alguien pone alguna semilla de la futura industria del conocimiento que necesitaremos para sustentar un mínimo estado del bienestar. Aunque siempre podrán trabajar de vigilantes de la playa, o buscar fortuna en otros parajes. Por cierto, en esta nueva turboeconomía, el número de empresas que declaran realizar actividades de I+D es un 35% inferior al de 2008.

Parece que los nuevos tiempos no sólo nos traen el clima africano: también se acercan niveles africanos de innovación.


Mientras, el mundo sigue rodando: la World Intellectual Property Organization y la escuela de negocios INSEAD publican su informe anual de innovación global. Aquí tenéis el ránking de países líderes.




15 de junio de 2017

CLUSTERS GLOBALES DE INNOVACIÓN

La World Intellectual Property Organization (WIPO) acaba de publicar un interesante estudio sobre los clústeres globales de innovación existentes en el mundo. Un clúster es una concentración territorial de empresas y agentes relacionados que compiten y cooperan en un determinado ámbito económico. WIPO analiza los lugares de origen de las aproximadamente 950.000 patentes internacionales registradas entre 2010 y 2015, identificando los 100 principales clústeres de innovación del mundo (los emplazamientos de mayor densidad tecnológica del planeta). El primero de ellos es Tokio-Yokohama, con 94.079 patentes registradas en ese periodo. El segundo, Shenzhen-Hong Kong, con 41.218. El tercero, San Francisco (Silicon Valley), con 34.187. Tras ellos, Seúl (34.187), y Osaka-Kobe-Kyoto (23.512). Entre los diez primeros clústeres globales de innovación, 6 son asiáticos, 3 son americanos y sólo uno es europeo (París, en décima posición, con 13.461 patentes). Siete países concentran 4 o más clústeres: Estados Unidos (31), Alemania (12), Japón (8), China (7), Francia (5), Canadá (4), y Corea del Sur (4). España sólo tiene dos clústeres en el ranking: Barcelona, que se halla en la posición 52 (2.033 patentes); y Madrid, en la 61 (1.796 patentes). La presencia de compañías multinacionales es determinante. En Barcelona, el mayor productor de patentes es Hewlett-Packard (autora del 8,7% de las patentes registradas). En Madrid, es Telefónica (13,3%). En ambos casos, las universidades y centros públicos de investigación tienen un rol significativo: en Barcelona dichos agentes registran el 17’3% de las patentes mientras que en Madrid aportan un 25’7% del total. Valores muy elevados comparados con los clústeres líderes: en Tokyo-Yokohama, las universidades y centros de investigación sólo registran el 2’9% del total de las patentes. El resto, son registradas por empresas.

Pese a la buena noticia de un incremento reciente del 20% de exportaciones de alta tecnología en Catalunya, el sistema tecnológico de Tokyo-Yokohama genera patentes a una tasa 46’9 veces superior al sistema tecnológico catalán. Silicon Valley lo hace 17 veces más rápido. Beijing, 7’58 veces. París, 6’72; y Stuttgart, 4’75 veces. Catalunya debería tener mayor capacidad innovadora, evidenciada (entre otras cosas) en el número de patentes producidas, especialmente cuando su posicionamiento internacional como gran ecosistema innovador es excelente: el país es atractivo para el talento internacional, disponemos de capacidad creativa reconocida globalmente (con genios de la talla de Gaudí, Dalí o Adrià), larga tradición empresarial y capital industrial, un renovado impulso emprendedor (especialmente en los sectores de las start-ups digitales y biotecnológicas), un sistema científico capaz de competir con parámetros de excelencia global, y escuelas de negocio líderes. Los bloques constituyentes necesarios para sustentar una dinámica económica basada en innovación. Sin embargo, la inversión agregada en I+D sobre PIB sigue siendo baja, y la producción de patentes no despega, especialmente en el sector empresarial. Según Michael Porter, profesor de Harvard, la competitividad de las empresas depende de su estrategia individual, pero también de la calidad del entorno donde compiten. A nivel de estrategia individual, existen dos opciones básicas: ofrecer el mismo valor que los competidores, a un precio inferior; u ofrecer un valor diferencial, y obtener una rentabilidad mayor por ello. La primera opción (competir en precio) no es una estrategia aconsejable: siempre aparecerá un competidor anóxico, más resistente, capaz de hundirte. La segunda opción (competir en valor) significa desarrollar capacidades exclusivas, únicas, insubstituibles e inimitables que permitan huir de la competencia y navegar en mercados con márgenes más suculentos. Y en un mundo que genera tecnología a un ritmo exponencial, disponer de tecnologías propias es un factor de diferenciación imbatible: ninguna otra dimensión de la innovación genera barreras de entrada a la competencia similares a las que genera disponer un know-how exclusivo. De ahí la necesidad estratégica de la I+D, la innovación abierta con universidades y centros de investigación (fuentes de conocimiento ex-novo) y la protección de la tecnología (las patentes).

Pero que las empresas presenten un nivel comparativamente bajo en innovación es indicativo de que hay que mejorar también la calidad del entorno donde compiten. Hay que seguir desarrollando un sistema de innovación que actúe como tal: incrementar los incentivos empresariales a la I+D mediante fiscalidad favorable, créditos blandos, ayudas directas y programas de compra pública de alta tecnología, sin trabas burocráticas. Hay que mantener las inversiones estratégicas en infraestructuras científicas y tecnológicas (especialmente en los campos que sustentan la competitividad empresarial), y priorizar los grupos de investigación que trabajen en proyectos tecnológicos empresariales (de largo plazo y profundidad científica, no en meros proyectos de ingeniería). No es cierto que “nuestras empresas no sean innovadoras”. Nuestras empresas son tan innovadoras como la calidad de su entorno y el marco institucional lo permite. La economía es una ciencia de incentivos. Cuando el sistema de incentivos académicos se orientó a la publicación de impacto, nuestros investigadores empezaron a publicar al máximo nivel. Y cuando se disponga de un sistema de incentivos que fomenten la I+D empresarial, consorciada con universidades y centros de investigación, lo que ahora es extraño (cooperar) se convertirá en hábito, el hábito en rutina, y la rutina en cultura. Respecto a lo logrado hasta ahora, el esfuerzo es incremental, de última milla.  La alternativa: conformarnos con un país low-cost.

Artículo publicado en La Vanguardia el 11/06/2017


10 de junio de 2017

UN ROBOT, ¿PREMIO NOBEL DE ECONOMÍA?

Katja Grace, una investigadora del Future of Humanity Institute de la universidad de Oxford entrevistó un total de 1.634 científicos de élite en el campo de la inteligencia artificial aprovechando una conferencia internacional sobre la materia, que se celebró a finales del 2015. Entre los asistentes, estaban los mejores expertos del mundo en esta tecnología. Grace buscaba saber qué campos de la economía y la sociedad sufrirían una mayor disrupción debida a la inteligencia artificial, y en qué plazo estimado se daría la sustitución de personas por máquinas.

Recientemente se han conocido los resultados. Según los expertos, los robots inteligentes superarán los humanos, rápidamente, en la capacidad de traducir lenguajes (hacia el 2024), escribir ensayos (2026) o conducir camiones (2027). Tardaremos un poco más viendo un robot con capacidad de interacción social (y de mantener una conversación), atendiendo en unos grandes almacenes (2031). Pero las máquinas serán capaces de escribir un best seller en el 2049, y de sustituir a los cirujanos el 2053. En esa época, los humanos también habremos quedado atrás en la capacidad de hacer investigación matemática, ante los propios algoritmos matemáticos. La fecha en la que los expertos esperan que los robots superen los humanos en la práctica totalidad de tareas (manuales y cognitivas) es hacia el 2060. Y dan por hecho que un lapso máximo de 120 años el mundo estará totalmente transformado por la inteligencia artificial y la robótica, que ejecutará todo el trabajo humano.

Las predicciones, obviamente, pueden fallar. No sólo siendo demasiado optimistas, sino también siendo excesivamente conservadoras. De hecho, para los expertos, la victoria de los algoritmos inteligentes sobre los humanos en un juego oriental de estrategia tan complejo como el Go tardaría aún 12 años. Pero se necesitaron sólo un par de meses, desde la conferencia donde se hizo la encuesta, para que un sistema de Google (AlphaGo) batiera al campeón mundial coreano. Esta misma semana, un AlphaGo mejorado ha ganado al nuevo campeón mundial (chino), de forma aún más rápida, más contundente y más brillante. Y el progreso en vehículos autoconducidos ha explotado en los últimos meses. ¿Podría ser que, mucho antes de lo que piensan los expertos, veamos algoritmos inteligentes en todas partes? Nuevas y fascinantes preguntas aparecen: ¿puede un robot escribir un best seller del New York Times? (los expertos así lo afirman). ¿Podría ganar un premio nacional de literatura? ¿O un Nobel de economía, o de química?


Nos espera una profunda reflexión sobre el rol de las personas en la sociedad, y sobre el modelo de relaciones entre humanos y sistemas digitales. No tendremos demasiado tiempo para la transición. El estudio muestra una elevada dispersión en las respuestas de los expertos. Curiosamente, los investigadores asiáticos ven mucho más cercana la superioridad de las máquinas sobre los humanos. Para ellos, la inteligencia artificial dejará en ridículo las capacidades humanas en la práctica totalidad de tareas (manuales y cognitivas) en sólo 30 años, mientras que para los expertos americanos, este plazo es mucho más largo (lo estiman en 70 años). Quizás Asia están viviendo una curva de aceleración tecnológica mucho más acusada que Estados Unidos o Europa, y por ello percibe con más intensidad la velocidad y las posibilidades del cambio tecnológico. Partiendo de una base de investigación casi inexistente hace poco más de una década, actualmente China ha apretado el acelerador de esta tecnología estratégica, y está ya publicando más artículos científicos sobre inteligencia artificial que Estados Unidos. Aunque se percibe que detrás de la nueva revolución de deep learning se encuentran los gigantes digitales americanos, China no es ajena al nuevo juego mundial. Baidu, Tencent o Alibaba, los monstruos tecnológicos chinos progresan en la investigación e incorporación de inteligencia artificial a un ritmo similar al de Google, Amazon o Facebook. La nueva Era de la Inteligencia tendrá ojos orientales.

(Artículo publicado originalmente en la revista digital Viaempresa)

5 de junio de 2017

TESLA: EL MOMENTO DE LA VERDAD

Toyota acaba de vender su participación en Tesla Motors, finalizando así un lustro de alianza estratégica entre ambas empresas. Los antiguos socios se convierten en competidores en la carrera por el vehículo eléctrico. El anuncio llega en el momento de la verdad para la joven empresa californiana: Tesla tiene previsto lanzar su Modelo 3 a finales de este año, fabricando junto con Panasonic las baterías del mismo, con la idea de producir 10.000 vehículos por semana a finales de 2018, a un precio mínimo de 35.000 $. Cuando se anunció este nuevo vehículo, en abril de 2016, Tesla recibió 276.000 pedidos durante la primera semana.

Tesla se ha convertido en el Apple de la automoción (a la espera de que Apple lance su propio modelo de automóvil), y su fundador, Elon Musk, en el nuevo Steve Jobs. Las acciones de la compañía se han revalorizado un 60% en 2017, y un 1.670% desde su salida a bolsa en 2010. Su capitalización (más de 50.000 millones de dólares) supera la de Ford, General Motors o Fiat-Chrysler. La empresa de Silicon Valley se ha rodeado de un aura mítica de innovación, tecnología y sostenibilidad. Elon Musk vende también el noble sueño de liberar al mundo de gasolina. Y, contrariamente a los modelos teóricos sobre innovación disruptiva del padre de este concepto, el profesor de Harvard Clayton Christensen, Tesla hace una brecha en la industria del automóvil a través del segmento más elevado. Su Modelo S, del cual se han vendido más de 150.000 unidades, es un sedán de lujo. Sorprendentemente, una tecnología todavía inmadura vendida a precios estratosféricos en un envoltorio futurista pensado para George Clooney.

Pero la empresa es todavía una gran promesa repleta de expectativas. Un pulgarcito en un mundo de gigantes. Mientras las unidades vendidas de la compañía californiana no llegaban a cifra de 80.000, sus competidores se situaban por encima de los 2.000.000. La cuota de mercado de Tesla en EEUU no llega al 1%, según Business Insider. Tesla se enfrenta al enorme reto de fabricar en masa en un mundo dominado por grandes marcas que llevan un siglo mejorando obsesivamente su eficiencia productiva hasta el límite de lo posible, en una industria que ha sido el paradigma de la competitividad global y de las economías de escala. Y, si Tesla fue la pionera, hoy la práctica totalidad de gigantes del automóvil tienen planes de invadir el segmento de electromovilidad. Sabemos que tras una ola de innovación en producto (como la protagonizada por Tesla) viene una invasión de nuevos entrantes (las viejas marcas, en este caso), y la emergencia de uno o unos pocos ganadores a caballo generalmente de una nueva ola de innovación de proceso. Una vez bien definido el producto, gana quien lo fabrica de forma más eficiente y accesible para el mercado masivo. ¿Estará Tesla a la altura en la preparación de procesos productivos de fabricación en masa? ¿Será capaz de mantener las expectativas creadas en el pequeño segmento de lujo, y transferir la misma experiencia de consumidor al gran mercado? Los antecedentes no son prometedores: los Modelos S y X tuvieron problemas de fabricación (“el infierno de la producción”, según Musk). En 2016 un cliente murió mientras su Modelo S conducía en modo automático. Y queda por resolver la recarga de la batería: se deben abordar inversiones masivas en instalaciones de carga rápida (Superchargers).

Una vez demostrada la solvencia tecnológica de sus baterías (aunque depende de Panasonic para fabricarlas), Tesla debe abordar la producción en gran serie y asegurar la experiencia del consumidor, que espera en gamas inferiores una percepción de calidad, fiabilidad y alta tecnología similar a la de los modelos de lujo. El esfuerzo es estratosférico: más de 10.000 millones de dólares. en I+D invertidos desde 2014, según Bloomberg, con un cash-flow negativo a final de 2016 de 970 millones, mientras se intensifica la competición en todos los frentes del vehículo eléctrico.

Hace una década, la estrella del sector del vehículo eléctrico era la start-up Better Place. Fundada también por un carismático emprendedor, Shi Agassi, prometía “un mundo mejor”, libre de combustibles fósiles. Su propuesta de valor pasaba por adquirir vehículos eléctricos sin asumir el coste de la batería (que sería propiedad de Better Place), y cambiarla cuando estuviera agotada en estaciones de cambio rápido desplegadas por Israel (país que “compró” el modelo e invitó a Agassi a establecerse allá). Atrajo más de 850 millones de dólares de capital privado, en medio de una ola mediática de sobreexpectativas. Intentó atacar el mercado masivo mediante una alianza con Nissan. Pero la experiencia de consumidor fue nefasta: sólo existía un modelo disponible, que se lanzó cuando todavía no se había desplegado una red suficiente de estaciones de cambio. La empresa cerró puertas en 2013.

Según algunas encuestas, los compradores en lista de espera del nuevo Modelo 3 de Tesla son mayoritariamente usuarios de Toyota, clientes acostumbrados a la fiabilidad nipona. Tesla debe ser capaz de mantener o superar la percepción de calidad de los viejos competidores japoneses. Si se comenten errores de fabricación, el producto no supera las expectativas en calidad/precio (y éstas son muy altas, fijadas en el segmento de lujo por la propia estrategia de introducción de Tesla), o la experiencia de consumidor en la recarga de baterías no es apropiada, Tesla puede seguir el camino de Better Place. Aunque quizá, si las barreras de entrada por escala al sector del automóvil son demasiado elevadas, Tesla “pivotará”, cambiará de sector, y se convertirá en el mayor proveedor mundial de baterías eléctricas renovables.





28 de mayo de 2017

¿VAMOS A UN MUNDO DE ABUNDANCIA?

India ha cancelado sus planes de instalación de nuevas plantas de energía térmica basadas en combustible fósil. La razón: es ya más barato producir un kilowatio-hora de energía solar. Según The Guardian, la empresa finlandesa Fortum aseguró a las autoridades hindús poder generar energía eléctrica solar a una tarifa sorprendentemente baja: 4,34 rupias por kilowatio-hora. Sólo seis meses más tarde, el precio disminuía a un récord de 2,44 rupias. El precio de la energía solar ha caído a niveles considerados hasta hace poco como imposibles. Ante esta evidencia, India ha suspendido sus planes de construcción de nuevas plantas térmicas para suministrar 14 GW de electricidad a partir de combustible fósil (una cantidad similar a la necesaria para alimentar el Reino Unido), acelerando el despliegue de la energía solar fotovoltaica. Es una grandísima noticia. Mientras, China ha incrementado en un 80% su producción solar en los primeros meses del año. Y Alemania ya obtiene en 85% de su energía de fuentes renovables. Como predice la ley de Swanson (equivalente a la ley de Moore en el sector), la energía solar se expande exponencialmente por el mundo, mientras su precio decrece exponencialmente. Por cierto: ¿cómo es que ante este escenario, los precios de la electricidad en España sean de los más altos de la historia? Si el precio de la energía solar ha caído hasta 2,44 rupias por kilowattio hora (0,034 €) en India, ¿por qué el precio medio de la electricidad en España es de 0,12 €/ Kw.h? (4 veces más).

Tecnológicamente, parece que avanzamos hacia escenarios de abundancia (como postula Peter Diamandis). Podríamos tener energía prácticamente infinita, a precios casi gratuitos. La revolución de internet ya ha permitido que tengamos acceso a información casi infinita, y a potencia de cálculo excedente para nuestros usos domésticos, a precio casi nulo. También a ocio, música, lectura, vídeos e interacción en redes sociales prácticamente infinitos a coste casi cero. Pero no nos quedaremos ahí: las nuevas técnicas biotecnológicas permiten hacer crecer carne animal, genéticamente idéntica a la original, a partir de cultivos celulares, en laboratorio, sin necesidad de animales, granjas, tierra, deforestación, costes medioambientales ni huella hídrica nociva. El coste de una hamburguesa sintética es ya de sólo 11,3 $, una reducción de ¡3.000.000%! respecto al coste de los primeros prototipos. Pronto llegarán a los supermercados a precios sensiblemente inferiores a los de las hamburguesas convencionales (pues, recordémoslo, no precisan una cadena de valor agroalimentaria detrás y se pueden, por tanto, producir de manera infinitamente más eficiente). El coste de las comunicaciones se ha reducido 1000 veces desde hace un siglo. Los escenarios de futuros vehículos eléctricos, compartidos y autoconducidos nos pueden llevar a una realidad de transporte eficiente, sostenible e increíblemente barato (comparativamente al esfuerzo que nos supone comprarnos un coche). La medicina también está evolucionando hacia paradigmas personalizados, preventivos y predictivos, basados en ingeniería genética, a costes cada vez menores. Incluso el manufacturing está evolucionando hacia modelos de producción hipereficiente e independiente de la escala y de la localización, mediante impresión 3D.

Imaginemos un escenario donde brote la energía necesaria de fuentes ubicuas y sostenibles, por todas partes, gratuitamente. Donde tengamos acceso a toda la información y el conocimiento humano de forma inmediata y en cualquier punto. Donde crezcan las hamburguesas y las patas de pollo, espontáneamente, de los árboles. Donde existan unos entes abstractos, fundamentalmente digitales, llamados empresas, que procesen bienes y servicios y generen beneficios sin intervención humana. Un mundo absolutamente utópico al cual, sorprendentemente, las proyecciones tecnológicas nos parecen aproximar. Pero… ¿cómo funcionaría la economía en ese mundo utópico? Los fundamentos económicos que nos han traído hasta aquí se han basado en principios de competencia. Principios que parten de la hipótesis de recursos escasos. Competimos por capital, por mercados, por clientes, por inversiones, por talento, por empleo, que siempre es escaso… Hemos vivido desde el inicio de los tiempos en economías de escasez. Pero, ¿qué pasaría si por primera vez nos encontráramos inmersos en economías de abundancia? ¿Cómo deberían redefinirse las relaciones y los agentes económicos? ¿Y si las turbulencias económicas que estamos sufriendo se debieran, precisamente, al tránsito desde una economía de la escasez a una economía de la abundancia? Las implicaciones filosóficas, morales, económicas, políticas y sociales son incalculables.

De forma imperceptible, la humanidad dio un salto cuántico cuando conceptualizó la lógica binaria y empezó a codificar y a procesar información con ella. El mundo se ha sumergido en una transformación irreversible a través de la digitalización. Adquirir y procesar datos digitales de forma creciente nos permite simular procesos, interpretar fenómenos, anticipar hechos, calcular resultados, localizar objetos, medir magnitudes, predecir eventos, extraer patrones y desarrollar conocimiento y tecnología a la velocidad de la luz. La digitalización está en la base de la totalidad de tecnologías emergentes que están revolucionando el planeta. Si las sabemos gestionar bien, nos llevarán también a un mundo de abundancia.

(Mientras tanto, Trump propone un recorte de 3'1 billones de dólares en investigación en energía. Siguiendo la dirección de la Historia...)





20 de mayo de 2017

LA REVOLUCIÓN DE LA IMPRESIÓN 3D

La manufactura aditiva (impresión 3D) está revolucionando las bases del sistema productivo global. Hace pocos días tuvimos en Vic a Ramon Pastor, Director General de la planta de Hewlett Packard en Sant Cugat, y Director de la División 3D Printing de la compañía, que nos ofreció una impactante conferencia sobre esta tecnología. Los fundamentos de la fabricación aditiva se sustentan en la superposición progresiva de capas de material, unas sobre las otras, como microestratos de materia que van dando forma a la pieza final según un plano digitalizado. Este proceso se contrapone a los procesos tradicionales de manufactura substractiva, en la cual el objeto final se genera a partir de la eliminación de material excedente en un bloque sólido (con la lógica de un escultor, por ejemplo mediante máquina de control numérico -CNC-), o de inyección (donde se precisa un molde previo). Es como si, para crear una estatua como la del David de Miguel Ángel, en lugar de un bloque de mármol, un cincel y un martillo, sólo necesitáramos mármol pulverizado y la obra de arte emergiera de la nada mediante deposición y solidificación controlada de ese polvo de mármol.

La impresión 3D significa la entrada en juego de las leyes de la economía digital en el corazón de la industria manufacturera clásica, cambiando de modo radical su lógica económica. La manufactura industrial se guiaba por la necesidad de buscar economías de escala: producir una unidad más era más barato que la media de las unidades producidas anteriormente. Básicamente, por la dilución de los costes fijos que ello significaba. Fabricar una pieza sencilla de plástico, por ejemplo, suponía la fabricación previa de un molde comparativamente muy caro en relación al coste de una pieza. Por ello, era preciso fabricar series grandes para amortizar el coste total de la serie entre un número suficiente de unidades. En el caso de la fabricación aditiva, no es así: el coste marginal de fabricar una unidad más tiende a cero (sólo es el coste de la materia prima). Todas las unidades tienen exactamente el mismo coste. Las economías de escala dejan de operar, y son sustituidas por dos nuevas y poderosas leyes: la de coste marginal cero, y la famosa ley de Moore que impulsa el desarrollo de la tecnología digital desde hace cinco décadas. No sólo se independiza la fabricación de las economías de escala, sino que Moore predice que la potencia y prestaciones de esta nueva forma de producción tendrá una expansión exponencial en los próximos años.

La entrada en juego de estas dos leyes tiene efectos críticos en la estructura y estrategia de las operaciones manufactureras globales: en primer lugar, desaparece la necesidad de fabricar a escala. Se pueden fabricar pequeñas series, o productos personalizados, de forma económicamente eficiente. El coste unitario de la pieza es el mismo si fabricamos una o si fabricamos cien millones. Y es el mismo si la fabricamos en Europa que en China: se acabó la dependencia de las estructuras de coste de los países emergentes. El impacto que ambos fenómenos puede tener es incalculable: si anteriormente las decisiones de localización de activos industriales se basaban en la búsqueda de economías de escala (fabricación en gran serie en lugares baratos), ahora la aglomeración será guiada por la proximidad a las fuentes de conocimiento (los clústeres de innovación pasan a jugar un papel fundamental en las operaciones industriales), y por la proximidad al mercado (se podrá fabricar cerca de la última milla).

La impresión 3D, pues, tiene una serie de ventajas fundamentales para la manufactura avanzada del siglo XXI:

Motor de avión de GE con piezas de acero y titanio 3D
  • Posibilidad de fabricación de series personalizadas, cortas o únicas, económicamente ineficientes hasta el momento.
  • Posibilidad de fabricación rápida de prototipos, acelerando los ciclos de innovación.
  • Permite fabricar sin stocks, con las implicaciones financieras que ello supone. Las piezas necesarias se imprimen en el momento y lugar preciso, sin necesidad de disponer de ellas físicamente.
  • Permite rediseñar las cadenas de valor, que de forma creciente se convierten en redes de información digital, en lugar de redes logísticas físicas. Se transmiten bits en lugar de átomos. Las industrias se reconcentran en economías avanzadas, cerca de los centros de I+D, para hacer más eficiente el proceso innovador; y se fabrica (imprime) físicamente cerca del consumidor final.
  • Respeto al medio ambiente: no se genera residuo industrial (como sí se genera con la manufactura substractiva). La progresiva disolución de las cadenas de valor físicas elimina costes logísticos de transporte, una de las principales fuentes contaminantes del momento.
  • Posibilidad de fabricación de geometrías complejas, e incluso imposibles hasta el momento. Hasta ahora, los componentes de una pieza mecánica compleja se fabricaban por separado, y se integraban (encajaban) mecánicamente después. Con la impresión 3D, se pueden fabricar dispositivos complejos, en un solo proceso, con partes engranadas y superpuestas. E incluso, modulando el material voxel a voxel (el equivalente al píxel en 3D), se pueden incorporar, de forma precisa, zonas de material con diferentes densidades, colores, texturas, conductividades u otras propiedades diferenciales.
  • Simplificación de los diseños mecánicos: GE Aviation hizo público que está usando impresión 3D para desarrollar un nuevo modelo de motor de helicóptero que utiliza 16 piezas, en lugar de las 900 tradicionales; o motores de avión hipereficientes, con partes de acero y titanio manufacturadas aditivamente.
  • Posibilidad de optimización matemática de los diseños. Si no existen los límites físicos a la fabricación que imponían las tecnologías convencionales, el diseño se puede simular y optimizar matemáticamente, y fabricarse posteriormente, en lo que se denomina "diseño generativo". Sorprendentemente, las más sofisticadas técnicas de supercomputación llegan a la misma conclusión que millones de años de evolución biológica: los nuevos diseños que optimizan intercambios de calor, transpiraciones, resistencias mecánicas, etc, parecen inspirados en las geometrías de estructuras óseas o cardiovasculares.

Intercambiador de calor optimizado matemáticamente

La impresión 3D está todavía en un estadio incipiente. Todo parece indicar que su expansión será exponencial en los próximos años. Las economías avanzadas tienen una oportunidad única e inesperada de reconcentrar sus actividades industriales, en potentes conglomerados de I+D, diseño y manufactura. Empresas como Adidas ya han vuelto a fabricar en Alemania con técnicas 3D. Hace poco, una empresa constructora de maquinaria industrial me preguntaba cómo me imaginaba la fabricación del futuro. Mi respuesta: diseño avanzado e innovación abierta y rápida en un clúster tecnológico local, envío de planos digitales, e impresión 3D de las piezas y montaje de la máquina en destino. Las ventajas competitivas del manufacturing se sustentarán cada vez más en la tecnología, el diseño y la velocidad de innovación. Buenas noticias para Europa.

Y preparémonos: la próxima revolución está a la vuelta de la esquina. Ya se empieza a hablar de “impresión 4D” o materiales preprogramados. La ciencia y la tecnología nos deparan grandes sorpresas en los próximos años.




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8 de mayo de 2017

CAMPEONES OCULTOS

¿Por qué Alemania es capaz de mantener todavía tantos empleos en manufactura tras las dramáticas crisis industriales de los últimos años? Según Harvard Business Review, una de las razones fundamentales es la abundancia de “campeones ocultos” (hidden champions), empresas de tamaño medio, altamente internacionalizadas, tecnificadas y fuertemente vinculadas al territorio. Muchas, de origen familiar. Aunque sólo el 1,1% de la población mundial es germana, la cuota de mercado global de empresas alemanas en ese segmento es del 48%. Crecen al 10% medio anual, registran 5 veces más patentes por empleado que las grandes corporaciones, y son extremadamente resilientes: la crisis sólo acabó con el 10% de ellas. Un “campeón oculto”, técnicamente es una empresa que se encuentra entre las tres primeras globales en su especialidad, factura menos de 5.000 millones de euros, y es poco conocida entre el público general. De 2.700 empresas con estas características en el mundo, 1.300 (casi la mitad) son alemanas. En ninguna otra parte del planeta existe un tejido industrial con tal densidad de empresas líderes, excepto en Suiza y Austria. 

Los “campeones ocultos” son el fruto del Mittelstand, los clústeres de pequeñas y medianas empresas alemanas, base de la potencia industrial germana, que mantiene un cuarto de su PIB en producción manufacturera, creando empleo estable y de calidad. Los “campeones ocultos” no se hallan sujetos a las presiones cortoplacistas de los mercados financieros. Sus liderazgos tienen sorprendentes ciclos de vida de una veintena de años, lo que permite mantener visión estratégica a largo plazo, realizar inversiones en consecuencia, y acumular el capital necesario para competir en sectores intensivos en activos industriales. Según Mariana Mazzucato, autora de “El Estado Emprendedor”, la competitividad germana se explica además por la existencia de facilidades de financiación a los proyectos de riesgo tecnológico (mediante los bancos públicos KfW), y conexiones sólidas y bien financiadas entre ciencia e industria a través de centros tecnológicos. Las políticas de innovación germanas han sido diseñadas para impregnar transversalmente de tecnología la práctica totalidad de los sectores industriales, en lugar de crear algunos pocos silos aislados de alta tecnología. Y hay dos aspectos más a considerar: su fuerte cultura internacional (el sistema educativo potencia el desarrollo de competencias lingüísticas en otros idiomas y los intercambios y las prácticas internacionales), y la importancia de la formación profesional: los “campeones ocultos” invierten un 50% más en este tipo de formación que la media europea.

Frente a la potencia tecnológica y exportadora germana, se está configurando un liderazgo alternativo en China. Según Boston Consulting Group, mientras EEUU sigue siendo la economía que más invierte en valor absoluto en I+D, China está concentrando sus inversiones en los estadios más avanzados del proceso innovador (transferencia del conocimiento), superando ya a EEUU en esa fase, y con previsiones de doblar en cinco años el esfuerzo americano en comercialización de nueva tecnología. Mientras EEUU sigue realizando un intenso esfuerzo en investigación básica, China aprovecha ese conocimiento para convertirlo rápidamente en productos comerciales que exporta globalmente. Un ejemplo es el sector de drones, donde EEUU desarrolló la tecnología de vuelo y de comunicaciones, pero es China quien ha desarrollado un gran clúster industrial en la zona de Shenzen, y se ha convertido en el mayor fabricante mundial de drones comerciales, teniendo uno de sus principales mercados, precisamente, en EEUU. El modelo de desarrollo chino no es nuevo: lo experimentó Japón tras la Segunda Guerra Mundial, y posteriormente Corea del Sur. Mientras EEUU dominaba la física de semiconductores, era Japón quien construía un potente sector internacional de electrónica de consumo. Con estructuras de bajo coste, los países asiáticos atrajeron primero inversión extranjera. Aprendieron de ella, y copiaron productos. Luego, copiaron tecnología. Empezaron a desarrollar tecnología propia, y, finalmente, ciencia propia. Y hoy, China avanza decididamente a convertirse en superpotencia industrial, tecnológica, y científica. Ya supera en inversión en I+D/PIB a la Unión Europea. Según el World Economic Fórum, los supercomputadores más potentes del mundo se hallan en China, y las publicaciones científicas chinas en campos disruptivos como la inteligencia artificial ya sobrepasan a las de EEUU.


La dinámica competitiva global está sufriendo profundos cambios en el mundo postcrisis. La oleada de robotización masiva tiene una derivada positiva: independiza las estrategias industriales de las ubicaciones de bajo coste. Las plantas de manufactura se repliegan hacia las economías avanzadas, donde generan un nuevo tipo de ventaja: al situarse cerca de los centros de I+D, aceleran los ciclos de innovación. Por eso empresas como Adidas o Reebok vuelven a fabricar calzado y ropa deportiva en Munich o Atlanta, en plantas automatizadas y mediante impresión 3D. El hub de I+D en manufacturing aditivo creado por la Generalitat y Hewlett Packard es un gran avance en esta línea. Mientras, EEUU pierde capacidad innovadora y dos grandes polos productivos están emergiendo con fuerza: Alemania y China. Ambos se sustentan en clústeres de manufactura avanzada, y ambos siguen modelos de Industria 4.0: una industria automatizada, digitalizada y conectada a las fuentes de conocimiento. Pero, mientras en China la visión a largo plazo la confiere el dirigismo estatal, la solidez estratégica de las empresas germanas se sustenta en sus “campeones ocultos” y en un marco institucional que prioriza de forma decidida el crecimiento de las PYMEs industriales.

Artículo publicado en "La Vanguardia" el 07/05/2017

6 de mayo de 2017

RETAIL APOCALYPSE

Estados Unidos está sufriendo un cierre masivo de establecimientos comerciales. Si sigue la tendencia actual, más de 50 grandes compañías de venta minorista habrán cerrado sus puertas hacia final de año. Más de 8.000 puntos de venta pueden desaparecer (superando los 6.200 que entraron en liquidación en 2008). Cadenas como Payless (zapatos) han cerrado 1000 puntos de venta en los primeros meses del año. Radioshack (electrónica), 552. The Limited (ropa, joyas y accesorios), 250. Wet Seal (ropa), 170. Crocs (zapatos), 158… Gordman Stores, Gander Mountain, Vanity Shops y otros muchos retailers han quebrado. Y sigue la secuencia de anuncios de cierres. Antiguos líderes, como Sears o Kmart liquidan establecimientos por centenares. Las cadenas de grandes almacenes bajan persianas. Un 30% de los grandes centros comerciales americanos (los famosos malls) corren peligro de desaparecer, con los cambios en la geografía y en la sociología urbana que esto supondría. 90.000 empleos se han destruido en las superficies comerciales americanas desde octubre del 2016, creando una espiral negativa: el desempleo frena aún más el consumo e induce a nuevas quiebras. Es lo que Business Insider ha venido a llamar “apocalipsis comercial” (Retail Apocalypse). Tres fenómenos se han superpuesto para desencadenar este colapso: un consumo deprimido, que no ha acabado de recuperarse de la Gran Crisis de 2008 (se estima que sólo el 5% con mayor poder adquisitivo de la sociedad estadounidense está tirando del consumo: el resto, tiene tasas de consumo inferiores a las de antes de la crisis); la expansión del comercio on-line (que ya significa el 8% del total de las ventas minoristas), y la llegada de una nueva generación de nativos digitales mentalmente preparada para el e-commerce (de forma creciente, a través del móvil). 

A todo ello, además, hay que sumar el fenómeno Amazon, que, con su omnipresencia, se está convirtiendo en la gran interfase global de compras. Amazon va camino de convertirse en la primera empresa que supera el trillón de dólares de capitalización bursátil (una cifra equivalente al PIB español). Nacida digital, Amazon debe su nombre al río Amazonas, en una ambiciosa visión de futuro lanzada cuando Jeff Bezos la fundó, en 1995. Bezos se inspiró en el Amazonas con la idea de que Amazon se convirtiera en un fenómeno masivo, como el río homónimo. Amazon dispone de unas economías de escala imbatibles, una estrategia financiera de optimización de stocks que no puede ser replicada por ningún retailer físico competidor (al fin y al cabo, Amazon es un marketplace virtual, trabajando sin stocks propios), experiencia pionera en márketing interactivo, catálogo casi infinito de productos, e inversiones crecientes en tratamiento de big data e inteligencia artificial. Y está desarrollando innovaciones sin igual en el control de la logística de última milla. Sólo Wallmart, el antiguo monstruo de la distribución parece poder aguantar todavía la embestida del gigante digital, en un auténtico duelo de titanes. Wallmart adquirió en 2016 la plataforma de comercio digital Jet.com por 3 billones de dólares. Está por ver si el líder del comercio físico es capaz de construir capacidades digitales como las de Amazon (y, a su vez, ver si Amazon puede evolucionar hacia formatos físicos, consciente de que el 90% del comercio mundial es todavía presencial).  

Las estrategias se hibridan entre el mundo físico y el mundo virtual. Y Amazon se expande hacia otros espacios de mercado. La compra del Washington Post por Amazon (2013) fue sonada. Una de las principales unidades de negocio de Amazon es Web Services, servicios de computación en la nube, que facturó más de 12 billones de dólares en 2016, consiguiendo un 54% del mercado mundial y compitiendo directamente contra IBM (16% del mercado), Microsoft (12%) o Google (3%)

Pero otro fenómeno crítico se está dando en las profundidades del mundo digital, de modo casi imperceptible. ¿Dónde acudimos en primera instancia cuando tenemos intención de realizar una compra on-line? De forma creciente, a Amazon. Desplazando a… ¡Google! Una tendencia que se ha acelerado en los últimos años, y que es especialmente acusada entre los más jóvenes (ver estudio de GeekWire aquí). Si el acceso a los buscadores genéricos (como Google) pierde interés para los potenciales compradores (y, además, hay mecanismos crecientes de bloqueo de la publicidad en la web, como los puestos en marcha por Apple), el negocio de Google (que, en el fondo es una gran agencia de publicidad on-line), pierde valor. La gran batalla entre Amazon y Google giró recientemente hacia el mercado doméstico, donde Amazon (con sus asistentes electrónicos Echo y Alexa) fue el first-mover. Google imitó el movimiento estratégico de Amazon con el lanzamiento de Google Home, percibido como follower.


Amazon es la gran revelación emergente de este 2017. Apocalipsis comercial en EEUU, lucha de titanes contra Wallmart, competencia frontal con Microsoft, IBM y Google en servicios cloud, presencia creciente en las plataformas digitales de comunicación, expansión hacia el mundo físico con establecimientos propios, y ataque al negocio de los buscadores en el flanco publicitario, amenazando el core de Google. La visión de Bezos se está cumpliendo: veinte años después, el pequeño arroyo que nació como librería on-line es hoy un inmenso caudal de negocio que parece arrollar todo a su paso.

30 de abril de 2017

IND+I 2017

El pasado 26 de abril se celebró la 2ª edición de la jornada IND+I (Industria + Innovación) en Viladecans, cuyo consejo científico tengo el honor de presidir. IND+I es, de hecho, un ambicioso proyecto de difusión de la tecnología y la innovación industrial. Se posiciona en industria (la voluntad de IND+I es contribuir al desarrollo industrial del país, especialmente del nuevo modelo industrial basado en paradigmas 4.0), y pretende convertirse en referente de análisis de nuevas tendencias así como punto de encuentro para todos los apasionados por la innovación que deseen contribuir a la creación de una industria del conocimiento, compartir experiencias, y conocer qué fenómenos emergen que puedan impactar de forma sensible en la competitividad y el bienestar de los países. 

Nuevamente, fue una jornada organizada de forma excelente, en la cual tuvimos el honor de contar con profesionales y comunicadores del nivel de Guillermo Dorronsoro (quien nos ilustró sobre la nueva política industrial del Reino Unido), Elisa Martín (que nos expuso las posibilidades crecientes de IBM Watson), Luis Ruiz (con una presentación sobre el estado del clúster biotech en Catalunya), Anna Sánchez (CEO de la consultora ITimes), Pere Condom (Director del Programa Emprèn de la Generalitat), Manuel Cermerón (Grupo Agbar), y José Manuel Leceta (Director de Red.es), entre otros. Y, por supuesto, destacar la presencia y el potentísimo mensaje de Mariana Mazzucato (University College of London). Grandes amigos, grandes personas y profesionales absolutamente comprometidos con la creación de un modelo de crecimiento económico sostenible, inteligente e inclusivo.

Por mi parte, remarqué los tres grandes conceptos emergentes desde el último IND+I. En el plazo de un año, ha irrumpido con una fuerza inusitada la carrera por el vehículo autoconducido, ha explotado la inteligencia artificial y se ha hecho evidente que, al menos, es preciso iniciar un debate sobre renta básica universal u otro mecanismo corrector de la desigualdad y el desempleo tecnológico. A destacar, por supuesto, la presentación de Mazzucato incidiendo en la necesidad de construir cadenas de valor del conocimiento, con múltiples agentes públicos y privados distribuidos y actuando como sistema integrado; sistemas de cooperación público-privada, y políticas que apoyen la I+D de forma estratégica. Para Mazzucato, el papel del Estado es determinante en el sistema capitalista, por constituir la verdadera fuente de innovación disruptiva. El reto no es socializar sólo los fracasos, sino también el retorno de los éxitos de la financiación pública a la I+D.

La estrategia de IND+I se construye sobre una gran jornada anual de proyección internacional, orientada a debatir las últimas tendencias en innovación; unos mecanismos de creación de conocimiento (club de lectura y revisión crítica de libros y artículos de última generación, con la previsión de avanzar hacia la constitución de un grupo de investigación propio); más una red de apasionados por la innovación que actúen como correa transmisora del conocimiento generado.

Es un auténtico placer y un honor trabajar con el equipo de IND+I. Espero que el próximo año seamos aún capaces de elevar las expectativas, y el nivel de la jornada, y avanzar hacia la creación de un auténtico referente internacional.

Se pueden descargar las presentaciones en la web de IND+I (aquí). Y aquí tenéis un pequeño vídeo de resumen:




19 de abril de 2017

COCHES SIN CONDUCTOR

Unos estudiantes de la Universidad Carlos III de Madrid me contactaron para entrevistarme sobre innovación en movilidad, interesados sobre cómo la conducción autónoma iba a llegar a nuestras vidas. Esta semana hemos hecho un Skype. Me han preguntado si la llegada del vehículo autoconducido iba a afectar a todos los segmentos del transporte (aviones, coches, camiones…) y con qué secuencia temporal. También me han hecho preguntas sobre qué dinámica se desarrollaría en la evolución de los precios. Del debate con ellos han surgido ideas interesantes. 

En primer lugar, no tiene nada que ver la aviación con la conducción terrestre. El modelo de negocio es otro. Un individuo no compra un avión, pero sí que compra un coche. Las líneas aéreas siguen un modelo de servicio. ¿Existe tecnología para gobernar un avión sin piloto? Por supuesto que sí. Ya hace años que existen los Unmaned Aerial Vehicles (UAV’s), aviones sin tripulación, básicamente para aplicaciones militares. El problema de que no se extienda la tecnología de autoconducción a las líneas aéreas comerciales sigue una lógica de mercado: ¿usted subiría a un avión sin piloto? La barrera psicológica, en este caso, es descomunal. Pero la tecnología existe. Una duda que me queda, y que no he sabido resolver hasta el momento es por qué motivos las autoridades de tráfico aéreo no toman el control desde tierra de aviones con comportamiento anómalo o que no respondan a las órdenes de los controladores (por ejemplo, en el caso de secuestro terrorista). Técnicamente, es posible. Si alguien lo sabe, quizá nos pueda desvelar esa duda…

Y, ¿cómo puede sostenerse un modelo de servicio con líneas aéreas que transportan pasajeros por un euro? ¿Dónde está el negocio? Evidentemente, no está en los beneficios generados directamente por los pasajeros. Normalmente, el grueso de ingresos de esas líneas provienen de ayudas públicas en destino: las autoridades de los países de destino está muy interesadas en atraer unos cuantos centenares de miles de turistas a la zona. Por ello, establecen convenios con las líneas aéreas de “bajo coste”, que reciben aportaciones económicas suplementarias para conseguir esos objetivos. Un millón de euros, por ejemplo, por cada 10.000 pasajeros transportados. Por eso, para cumplir objetivos, al final regalan billetes de avión. Es un caso de innovación en la formación de precios (o en el modelo de negocio).

Vayamos con los coches: ¿es peligroso un vehículo autoconducido? Por supuesto, lo es, pero el grueso de la I+D estratégica de las compañías que ofrezcan sistemas de autoconducción irá a resolver ese problema. Además, como ya se ha dicho en múltiples ocasiones, no tendremos algoritmos de 90 años al volante. Ni algoritmos distraídos mirando su móvil. Ni algoritmos alcohólicos. Por otro lado, debemos pensar en clave de “sistema”: cada vehículo no será un electrón libre orbitando por las calles. Estará conectado electrónicamente, con sistemas redundantes, a todo su entorno y al resto de vehículos, en un modelo similar al del tráfico aéreo. 

¿Y, por dónde empezará la transformación del modelo de movilidad? Posiblemente por zonas urbanas. Quizá llegue un día en que el Ayuntamiento de Barcelona, o de Madrid, o de Hong Kong, licite todo su sistema de tráfico urbano a alguna gran compañía proveedora de servicios de movilidad. Podría ser Volkswagen. O quizá Tesla. O, a lo mejor, Google. Quizá en algún momento, 10.000 vehículos eléctricos Google autoconducidos (robotaxis) serán los únicos que circulen por Barcelona. Y los habitantes de Barcelona podrán escoger entre comprarse un automóvil propio, por unos 30.000 €, sabiendo que la utilización media de un vehículo es del 4% de su tiempo y que, además, tendrá serias restricciones de circulación en zona urbana; o abonarse a un servicio que por 30 € mensuales le ofrecerá un forfait completo de movilidad, con el compromiso de que usted tenga un vehículo a su disposición, en cualquier punto de Barcelona, en 60 segundos (si no, le bonificarán el retardo). El producto (el automóvil) se convertirá en servicio (como en el caso de los aviones). 

Claro que, el licitador de la movilidad de Barcelona (o de Nueva York, o de Shanghái) podría ser también... ¡Amazon! ¿Por qué no? Al fin y al cabo, probablemente antes de extender los servicios de movilidad autoconducida para humanos, éstos se probarán en contextos de tráfico de mercancías. Y, ¿quién mejor que Amazon para generar una primera flota de camiones de transporte sin conductor, donde probar y perfeccionar la tecnología, para luego atacar el mercado masivo? ¿Veremos Barcelona poblada por 10.000 coches inteligentes Amazon transportando individuos (no paquetes) arriba y abajo? ¿Será Amazon el líder de la movilidad urbana? ¿Desbancará Amazon a Volkswagen o a General Motors? ¿Será el transporte de paquetes el gran campo de experimentación de la futura movilidad personal autoconducida? ¿Será Amazon el líder futuro del sector del automóvil? En el mundo de las plataformas digitales, todo es posible.

16 de abril de 2017

EMPRENDIMIENTO DIGITAL

Según la consultora Accenture, 10 millones de puestos de trabajo pueden ser creados en los próximos años por jóvenes emprendedores operando en tecnologías digitales en las economías avanzadas (ver informe aquí). Los entornos ideales para hacerlo son los vibrantes ecosistemas conformados por nuevas generaciones de nativos digitales, nacidos con visión global ("born global"), trabajando en contacto directo con empresas tecnológicas, universidades, centros de investigación y fondos de capital riesgo financiero. Barcelona ha construido un ecosistema como este, que pivota alrededor de dos instituciones de referencia: la Mobile World Capital, organizadora del Mobile World Congress (la mayor exposición de tecnología e innovación digital del planeta), y Barcelona Tech City (uno de los mayores clústeres -concentraciones de empresas y agentes relacionados- digitales de Europa).

La transformación digital afecta a la totalidad de los sectores de la economía. Una docena de nuevas tecnologías digitales está emergiendo y cambiando las reglas de juego de la práctica totalidad de sectores económicos. Big data, inteligencia artificial, impresión 3D, internet de las cosas, o blockchain, entre otros, transforman los modelos de negocio y ofrecen infinitas posibilidades de creación de nuevas empresas con potencial disruptivo.

Sin embargo, como el propio informe de Accenture apunta, para desarrollar una dinámica de crecimiento económico basada en la nueva economía digital, y aprovechar las oportunidades que ésta ofrece, hay que desarrollar el talento necesario. Talento que no requerirá las capacidades que eran imprescindibles para trabajar en los antiguos entornos industriales, bajo paradigmas de estabilidad y producción en masa. En el futuro inmediato, como recomienda el World Economic Forum (ver aquí), las capacidades principales serán la resolución de problemas complejos, el pensamiento crítico, y la creatividad.

Para afrontar estos retos, la Universidad de Vic- Universidad Central de Cataluña ofrecerá un nuevo Grado Universitario en Emprendimiento Digital orientado a formar a los nuevos emprendedores digitales. Un Grado de 3 años, estructurado sobre continuos proyectos reales de emprendimiento digital según metodologías avanzadas de aprendizaje basado en problemas. En el Grado se darán los contenidos necesarios en estrategia, marketing, finanzas, dirección de operaciones, gestión del talento, tecnología digital y diseño gráfico para que el alumno complete su formación con la creación de su proyecto real de empresa. Los alumnos saldrán con su propia start-up en la mochila, lista para iniciar las primeras rondas de financiación. El Grado se impartirá en el Campus de Granollers de la UVic-UCC, en las instalaciones de un centro de emprendimiento real.

El Grado seguirá nuestro decálogo metodológico propio, ya utilizado en el resto de grados de la Facultad de Empresa, bautizado como "Live Creativity":

1. Las clases magistrales no superarán nunca los 30 minutos. El profesor es un facilitador y un coach, más que un transmisor de información unidireccional.
2. Los alumnos trabajarán en equipo, fomentando las dinámicas "coopetitivas" (cooperación + competición)
3. Cada asignatura contemplará lectura y revisión crítica de libros de actualidad y de últimas tendencias del objeto del estudio.
4. Cada asignatura incorporará, significativamente, seminarios impartidos por profesionales en activo.
5. Cada asignatura incorporará, significativamente, el trabajo a través de casos prácticos y metodología de simulación.
6. Cada asignatura incorporará salidas externas de estudio de casos reales ("field trips").
7. Se utilizarán metodologías cooperativas para construir los marcos teóricos. Los alumnos buscarán la información, que será integrada en el aula ( "flipped learning").
8. Cada asignatura incorporará un mínimo de una actividad de investigación por equipo de trabajo, potenciando el espíritu crítico, con el fin de experimentar el método científico.
9. Las sesiones de trabajo en equipo se desarrollarán preferentemente en el Live Creativity Lab, con uso activo de material digital y audiovisual de apoyo.
10. Se fomentará la multidisciplinariedad, la multiculturalidad y el trabajo en equipos multiasignatura.

Como aperitivo, junto con 4YFN, la plataforma de emprendimiento digital de la Mobile World Capital, estamos organizando una semana intensiva de creación de empresas digitales para jóvenes preuniversitarios, en Vic (16-22 de julio)

Para más info: xavier.ferras@uvic.cat