20 de mayo de 2017

LA REVOLUCIÓN DE LA IMPRESIÓN 3D

La manufactura aditiva (impresión 3D) está revolucionando las bases del sistema productivo global. Hace pocos días tuvimos en Vic a Ramon Pastor, Director General de la planta de Hewlett Packard en Sant Cugat, y Director de la División 3D Printing de la compañía, que nos ofreció una impactante conferencia sobre esta tecnología. Los fundamentos de la fabricación aditiva se sustentan en la superposición progresiva de capas de material, unas sobre las otras, como microestratos de materia que van dando forma a la pieza final según un plano digitalizado. Este proceso se contrapone a los procesos tradicionales de manufactura substractiva, en la cual el objeto final se genera a partir de la eliminación de material excedente en un bloque sólido (con la lógica de un escultor, por ejemplo mediante máquina de control numérico -CNC-), o de inyección (donde se precisa un molde previo). Es como si, para crear una estatua como la del David de Miguel Ángel, en lugar de un bloque de mármol, un cincel y un martillo, sólo necesitáramos mármol pulverizado y la obra de arte emergiera de la nada mediante deposición y solidificación controlada de ese polvo de mármol.

La impresión 3D significa la entrada en juego de las leyes de la economía digital en el corazón de la industria manufacturera clásica, cambiando de modo radical su lógica económica. La manufactura industrial se guiaba por la necesidad de buscar economías de escala: producir una unidad más era más barato que la media de las unidades producidas anteriormente. Básicamente, por la dilución de los costes fijos que ello significaba. Fabricar una pieza sencilla de plástico, por ejemplo, suponía la fabricación previa de un molde comparativamente muy caro en relación al coste de una pieza. Por ello, era preciso fabricar series grandes para amortizar el coste total de la serie entre un número suficiente de unidades. En el caso de la fabricación aditiva, no es así: el coste marginal de fabricar una unidad más tiende a cero (sólo es el coste de la materia prima). Todas las unidades tienen exactamente el mismo coste. Las economías de escala dejan de operar, y son sustituidas por dos nuevas y poderosas leyes: la de coste marginal cero, y la famosa ley de Moore que impulsa el desarrollo de la tecnología digital desde hace cinco décadas. No sólo se independiza la fabricación de las economías de escala, sino que Moore predice que la potencia y prestaciones de esta nueva forma de producción tendrá una expansión exponencial en los próximos años.

La entrada en juego de estas dos leyes tiene efectos críticos en la estructura y estrategia de las operaciones manufactureras globales: en primer lugar, desaparece la necesidad de fabricar a escala. Se pueden fabricar pequeñas series, o productos personalizados, de forma económicamente eficiente. El coste unitario de la pieza es el mismo si fabricamos una o si fabricamos cien millones. Y es el mismo si la fabricamos en Europa que en China: se acabó la dependencia de las estructuras de coste de los países emergentes. El impacto que ambos fenómenos puede tener es incalculable: si anteriormente las decisiones de localización de activos industriales se basaban en la búsqueda de economías de escala (fabricación en gran serie en lugares baratos), ahora la aglomeración será guiada por la proximidad a las fuentes de conocimiento (los clústeres de innovación pasan a jugar un papel fundamental en las operaciones industriales), y por la proximidad al mercado (se podrá fabricar cerca de la última milla).

La impresión 3D, pues, tiene una serie de ventajas fundamentales para la manufactura avanzada del siglo XXI:

Motor de avión de GE con piezas de acero y titanio 3D
  • Posibilidad de fabricación de series personalizadas, cortas o únicas, económicamente ineficientes hasta el momento.
  • Posibilidad de fabricación rápida de prototipos, acelerando los ciclos de innovación.
  • Permite fabricar sin stocks, con las implicaciones financieras que ello supone. Las piezas necesarias se imprimen en el momento y lugar preciso, sin necesidad de disponer de ellas físicamente.
  • Permite rediseñar las cadenas de valor, que de forma creciente se convierten en redes de información digital, en lugar de redes logísticas físicas. Se transmiten bits en lugar de átomos. Las industrias se reconcentran en economías avanzadas, cerca de los centros de I+D, para hacer más eficiente el proceso innovador; y se fabrica (imprime) físicamente cerca del consumidor final.
  • Respeto al medio ambiente: no se genera residuo industrial (como sí se genera con la manufactura substractiva). La progresiva disolución de las cadenas de valor físicas elimina costes logísticos de transporte, una de las principales fuentes contaminantes del momento.
  • Posibilidad de fabricación de geometrías complejas, e incluso imposibles hasta el momento. Hasta ahora, los componentes de una pieza mecánica compleja se fabricaban por separado, y se integraban (encajaban) mecánicamente después. Con la impresión 3D, se pueden fabricar dispositivos complejos, en un solo proceso, con partes engranadas y superpuestas. E incluso, modulando el material voxel a voxel (el equivalente al píxel en 3D), se pueden incorporar, de forma precisa, zonas de material con diferentes densidades, colores, texturas, conductividades u otras propiedades diferenciales.
  • Simplificación de los diseños mecánicos: GE Aviation hizo público que está usando impresión 3D para desarrollar un nuevo modelo de motor de helicóptero que utiliza 16 piezas, en lugar de las 900 tradicionales; o motores de avión hipereficientes, con partes de acero y titanio manufacturadas aditivamente.
  • Posibilidad de optimización matemática de los diseños. Si no existen los límites físicos a la fabricación que imponían las tecnologías convencionales, el diseño se puede simular y optimizar matemáticamente, y fabricarse posteriormente, en lo que se denomina "diseño generativo". Sorprendentemente, las más sofisticadas técnicas de supercomputación llegan a la misma conclusión que millones de años de evolución biológica: los nuevos diseños que optimizan intercambios de calor, transpiraciones, resistencias mecánicas, etc, parecen inspirados en las geometrías de estructuras óseas o cardiovasculares.

Intercambiador de calor optimizado matemáticamente

La impresión 3D está todavía en un estadio incipiente. Todo parece indicar que su expansión será exponencial en los próximos años. Las economías avanzadas tienen una oportunidad única e inesperada de reconcentrar sus actividades industriales, en potentes conglomerados de I+D, diseño y manufactura. Empresas como Adidas ya han vuelto a fabricar en Alemania con técnicas 3D. Hace poco, una empresa constructora de maquinaria industrial me preguntaba cómo me imaginaba la fabricación del futuro. Mi respuesta: diseño avanzado e innovación abierta y rápida en un clúster tecnológico local, envío de planos digitales, e impresión 3D de las piezas y montaje de la máquina en destino. Las ventajas competitivas del manufacturing se sustentarán cada vez más en la tecnología, el diseño y la velocidad de innovación. Buenas noticias para Europa.

Y preparémonos: la próxima revolución está a la vuelta de la esquina. Ya se empieza a hablar de “impresión 4D” o materiales preprogramados. La ciencia y la tecnología nos deparan grandes sorpresas en los próximos años.




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8 de mayo de 2017

CAMPEONES OCULTOS

¿Por qué Alemania es capaz de mantener todavía tantos empleos en manufactura tras las dramáticas crisis industriales de los últimos años? Según Harvard Business Review, una de las razones fundamentales es la abundancia de “campeones ocultos” (hidden champions), empresas de tamaño medio, altamente internacionalizadas, tecnificadas y fuertemente vinculadas al territorio. Muchas, de origen familiar. Aunque sólo el 1,1% de la población mundial es germana, la cuota de mercado global de empresas alemanas en ese segmento es del 48%. Crecen al 10% medio anual, registran 5 veces más patentes por empleado que las grandes corporaciones, y son extremadamente resilientes: la crisis sólo acabó con el 10% de ellas. Un “campeón oculto”, técnicamente es una empresa que se encuentra entre las tres primeras globales en su especialidad, factura menos de 5.000 millones de euros, y es poco conocida entre el público general. De 2.700 empresas con estas características en el mundo, 1.300 (casi la mitad) son alemanas. En ninguna otra parte del planeta existe un tejido industrial con tal densidad de empresas líderes, excepto en Suiza y Austria. 

Los “campeones ocultos” son el fruto del Mittelstand, los clústeres de pequeñas y medianas empresas alemanas, base de la potencia industrial germana, que mantiene un cuarto de su PIB en producción manufacturera, creando empleo estable y de calidad. Los “campeones ocultos” no se hallan sujetos a las presiones cortoplacistas de los mercados financieros. Sus liderazgos tienen sorprendentes ciclos de vida de una veintena de años, lo que permite mantener visión estratégica a largo plazo, realizar inversiones en consecuencia, y acumular el capital necesario para competir en sectores intensivos en activos industriales. Según Mariana Mazzucato, autora de “El Estado Emprendedor”, la competitividad germana se explica además por la existencia de facilidades de financiación a los proyectos de riesgo tecnológico (mediante los bancos públicos KfW), y conexiones sólidas y bien financiadas entre ciencia e industria a través de centros tecnológicos. Las políticas de innovación germanas han sido diseñadas para impregnar transversalmente de tecnología la práctica totalidad de los sectores industriales, en lugar de crear algunos pocos silos aislados de alta tecnología. Y hay dos aspectos más a considerar: su fuerte cultura internacional (el sistema educativo potencia el desarrollo de competencias lingüísticas en otros idiomas y los intercambios y las prácticas internacionales), y la importancia de la formación profesional: los “campeones ocultos” invierten un 50% más en este tipo de formación que la media europea.

Frente a la potencia tecnológica y exportadora germana, se está configurando un liderazgo alternativo en China. Según Boston Consulting Group, mientras EEUU sigue siendo la economía que más invierte en valor absoluto en I+D, China está concentrando sus inversiones en los estadios más avanzados del proceso innovador (transferencia del conocimiento), superando ya a EEUU en esa fase, y con previsiones de doblar en cinco años el esfuerzo americano en comercialización de nueva tecnología. Mientras EEUU sigue realizando un intenso esfuerzo en investigación básica, China aprovecha ese conocimiento para convertirlo rápidamente en productos comerciales que exporta globalmente. Un ejemplo es el sector de drones, donde EEUU desarrolló la tecnología de vuelo y de comunicaciones, pero es China quien ha desarrollado un gran clúster industrial en la zona de Shenzen, y se ha convertido en el mayor fabricante mundial de drones comerciales, teniendo uno de sus principales mercados, precisamente, en EEUU. El modelo de desarrollo chino no es nuevo: lo experimentó Japón tras la Segunda Guerra Mundial, y posteriormente Corea del Sur. Mientras EEUU dominaba la física de semiconductores, era Japón quien construía un potente sector internacional de electrónica de consumo. Con estructuras de bajo coste, los países asiáticos atrajeron primero inversión extranjera. Aprendieron de ella, y copiaron productos. Luego, copiaron tecnología. Empezaron a desarrollar tecnología propia, y, finalmente, ciencia propia. Y hoy, China avanza decididamente a convertirse en superpotencia industrial, tecnológica, y científica. Ya supera en inversión en I+D/PIB a la Unión Europea. Según el World Economic Fórum, los supercomputadores más potentes del mundo se hallan en China, y las publicaciones científicas chinas en campos disruptivos como la inteligencia artificial ya sobrepasan a las de EEUU.


La dinámica competitiva global está sufriendo profundos cambios en el mundo postcrisis. La oleada de robotización masiva tiene una derivada positiva: independiza las estrategias industriales de las ubicaciones de bajo coste. Las plantas de manufactura se repliegan hacia las economías avanzadas, donde generan un nuevo tipo de ventaja: al situarse cerca de los centros de I+D, aceleran los ciclos de innovación. Por eso empresas como Adidas o Reebok vuelven a fabricar calzado y ropa deportiva en Munich o Atlanta, en plantas automatizadas y mediante impresión 3D. El hub de I+D en manufacturing aditivo creado por la Generalitat y Hewlett Packard es un gran avance en esta línea. Mientras, EEUU pierde capacidad innovadora y dos grandes polos productivos están emergiendo con fuerza: Alemania y China. Ambos se sustentan en clústeres de manufactura avanzada, y ambos siguen modelos de Industria 4.0: una industria automatizada, digitalizada y conectada a las fuentes de conocimiento. Pero, mientras en China la visión a largo plazo la confiere el dirigismo estatal, la solidez estratégica de las empresas germanas se sustenta en sus “campeones ocultos” y en un marco institucional que prioriza de forma decidida el crecimiento de las PYMEs industriales.

Artículo publicado en "La Vanguardia" el 07/05/2017

6 de mayo de 2017

RETAIL APOCALYPSE

Estados Unidos está sufriendo un cierre masivo de establecimientos comerciales. Si sigue la tendencia actual, más de 50 grandes compañías de venta minorista habrán cerrado sus puertas hacia final de año. Más de 8.000 puntos de venta pueden desaparecer (superando los 6.200 que entraron en liquidación en 2008). Cadenas como Payless (zapatos) han cerrado 1000 puntos de venta en los primeros meses del año. Radioshack (electrónica), 552. The Limited (ropa, joyas y accesorios), 250. Wet Seal (ropa), 170. Crocs (zapatos), 158… Gordman Stores, Gander Mountain, Vanity Shops y otros muchos retailers han quebrado. Y sigue la secuencia de anuncios de cierres. Antiguos líderes, como Sears o Kmart liquidan establecimientos por centenares. Las cadenas de grandes almacenes bajan persianas. Un 30% de los grandes centros comerciales americanos (los famosos malls) corren peligro de desaparecer, con los cambios en la geografía y en la sociología urbana que esto supondría. 90.000 empleos se han destruido en las superficies comerciales americanas desde octubre del 2016, creando una espiral negativa: el desempleo frena aún más el consumo e induce a nuevas quiebras. Es lo que Business Insider ha venido a llamar “apocalipsis comercial” (Retail Apocalypse). Tres fenómenos se han superpuesto para desencadenar este colapso: un consumo deprimido, que no ha acabado de recuperarse de la Gran Crisis de 2008 (se estima que sólo el 5% con mayor poder adquisitivo de la sociedad estadounidense está tirando del consumo: el resto, tiene tasas de consumo inferiores a las de antes de la crisis); la expansión del comercio on-line (que ya significa el 8% del total de las ventas minoristas), y la llegada de una nueva generación de nativos digitales mentalmente preparada para el e-commerce (de forma creciente, a través del móvil). 

A todo ello, además, hay que sumar el fenómeno Amazon, que, con su omnipresencia, se está convirtiendo en la gran interfase global de compras. Amazon va camino de convertirse en la primera empresa que supera el trillón de dólares de capitalización bursátil (una cifra equivalente al PIB español). Nacida digital, Amazon debe su nombre al río Amazonas, en una ambiciosa visión de futuro lanzada cuando Jeff Bezos la fundó, en 1995. Bezos se inspiró en el Amazonas con la idea de que Amazon se convirtiera en un fenómeno masivo, como el río homónimo. Amazon dispone de unas economías de escala imbatibles, una estrategia financiera de optimización de stocks que no puede ser replicada por ningún retailer físico competidor (al fin y al cabo, Amazon es un marketplace virtual, trabajando sin stocks propios), experiencia pionera en márketing interactivo, catálogo casi infinito de productos, e inversiones crecientes en tratamiento de big data e inteligencia artificial. Y está desarrollando innovaciones sin igual en el control de la logística de última milla. Sólo Wallmart, el antiguo monstruo de la distribución parece poder aguantar todavía la embestida del gigante digital, en un auténtico duelo de titanes. Wallmart adquirió en 2016 la plataforma de comercio digital Jet.com por 3 billones de dólares. Está por ver si el líder del comercio físico es capaz de construir capacidades digitales como las de Amazon (y, a su vez, ver si Amazon puede evolucionar hacia formatos físicos, consciente de que el 90% del comercio mundial es todavía presencial).  

Las estrategias se hibridan entre el mundo físico y el mundo virtual. Y Amazon se expande hacia otros espacios de mercado. La compra del Washington Post por Amazon (2013) fue sonada. Una de las principales unidades de negocio de Amazon es Web Services, servicios de computación en la nube, que facturó más de 12 billones de dólares en 2016, consiguiendo un 54% del mercado mundial y compitiendo directamente contra IBM (16% del mercado), Microsoft (12%) o Google (3%)

Pero otro fenómeno crítico se está dando en las profundidades del mundo digital, de modo casi imperceptible. ¿Dónde acudimos en primera instancia cuando tenemos intención de realizar una compra on-line? De forma creciente, a Amazon. Desplazando a… ¡Google! Una tendencia que se ha acelerado en los últimos años, y que es especialmente acusada entre los más jóvenes (ver estudio de GeekWire aquí). Si el acceso a los buscadores genéricos (como Google) pierde interés para los potenciales compradores (y, además, hay mecanismos crecientes de bloqueo de la publicidad en la web, como los puestos en marcha por Apple), el negocio de Google (que, en el fondo es una gran agencia de publicidad on-line), pierde valor. La gran batalla entre Amazon y Google giró recientemente hacia el mercado doméstico, donde Amazon (con sus asistentes electrónicos Echo y Alexa) fue el first-mover. Google imitó el movimiento estratégico de Amazon con el lanzamiento de Google Home, percibido como follower.


Amazon es la gran revelación emergente de este 2017. Apocalipsis comercial en EEUU, lucha de titanes contra Wallmart, competencia frontal con Microsoft, IBM y Google en servicios cloud, presencia creciente en las plataformas digitales de comunicación, expansión hacia el mundo físico con establecimientos propios, y ataque al negocio de los buscadores en el flanco publicitario, amenazando el core de Google. La visión de Bezos se está cumpliendo: veinte años después, el pequeño arroyo que nació como librería on-line es hoy un inmenso caudal de negocio que parece arrollar todo a su paso.

30 de abril de 2017

IND+I 2017

El pasado 26 de abril se celebró la 2ª edición de la jornada IND+I (Industria + Innovación) en Viladecans, cuyo consejo científico tengo el honor de presidir. IND+I es, de hecho, un ambicioso proyecto de difusión de la tecnología y la innovación industrial. Se posiciona en industria (la voluntad de IND+I es contribuir al desarrollo industrial del país, especialmente del nuevo modelo industrial basado en paradigmas 4.0), y pretende convertirse en referente de análisis de nuevas tendencias así como punto de encuentro para todos los apasionados por la innovación que deseen contribuir a la creación de una industria del conocimiento, compartir experiencias, y conocer qué fenómenos emergen que puedan impactar de forma sensible en la competitividad y el bienestar de los países. 

Nuevamente, fue una jornada organizada de forma excelente, en la cual tuvimos el honor de contar con profesionales y comunicadores del nivel de Guillermo Dorronsoro (quien nos ilustró sobre la nueva política industrial del Reino Unido), Elisa Martín (que nos expuso las posibilidades crecientes de IBM Watson), Luis Ruiz (con una presentación sobre el estado del clúster biotech en Catalunya), Anna Sánchez (CEO de la consultora ITimes), Pere Condom (Director del Programa Emprèn de la Generalitat), Manuel Cermerón (Grupo Agbar), y José Manuel Leceta (Director de Red.es), entre otros. Y, por supuesto, destacar la presencia y el potentísimo mensaje de Mariana Mazzucato (University College of London). Grandes amigos, grandes personas y profesionales absolutamente comprometidos con la creación de un modelo de crecimiento económico sostenible, inteligente e inclusivo.

Por mi parte, remarqué los tres grandes conceptos emergentes desde el último IND+I. En el plazo de un año, ha irrumpido con una fuerza inusitada la carrera por el vehículo autoconducido, ha explotado la inteligencia artificial y se ha hecho evidente que, al menos, es preciso iniciar un debate sobre renta básica universal u otro mecanismo corrector de la desigualdad y el desempleo tecnológico. A destacar, por supuesto, la presentación de Mazzucato incidiendo en la necesidad de construir cadenas de valor del conocimiento, con múltiples agentes públicos y privados distribuidos y actuando como sistema integrado; sistemas de cooperación público-privada, y políticas que apoyen la I+D de forma estratégica. Para Mazzucato, el papel del Estado es determinante en el sistema capitalista, por constituir la verdadera fuente de innovación disruptiva. El reto no es socializar sólo los fracasos, sino también el retorno de los éxitos de la financiación pública a la I+D.

La estrategia de IND+I se construye sobre una gran jornada anual de proyección internacional, orientada a debatir las últimas tendencias en innovación; unos mecanismos de creación de conocimiento (club de lectura y revisión crítica de libros y artículos de última generación, con la previsión de avanzar hacia la constitución de un grupo de investigación propio); más una red de apasionados por la innovación que actúen como correa transmisora del conocimiento generado.

Es un auténtico placer y un honor trabajar con el equipo de IND+I. Espero que el próximo año seamos aún capaces de elevar las expectativas, y el nivel de la jornada, y avanzar hacia la creación de un auténtico referente internacional.

Se pueden descargar las presentaciones en la web de IND+I (aquí). Y aquí tenéis un pequeño vídeo de resumen:




19 de abril de 2017

COCHES SIN CONDUCTOR

Unos estudiantes de la Universidad Carlos III de Madrid me contactaron para entrevistarme sobre innovación en movilidad, interesados sobre cómo la conducción autónoma iba a llegar a nuestras vidas. Esta semana hemos hecho un Skype. Me han preguntado si la llegada del vehículo autoconducido iba a afectar a todos los segmentos del transporte (aviones, coches, camiones…) y con qué secuencia temporal. También me han hecho preguntas sobre qué dinámica se desarrollaría en la evolución de los precios. Del debate con ellos han surgido ideas interesantes. 

En primer lugar, no tiene nada que ver la aviación con la conducción terrestre. El modelo de negocio es otro. Un individuo no compra un avión, pero sí que compra un coche. Las líneas aéreas siguen un modelo de servicio. ¿Existe tecnología para gobernar un avión sin piloto? Por supuesto que sí. Ya hace años que existen los Unmaned Aerial Vehicles (UAV’s), aviones sin tripulación, básicamente para aplicaciones militares. El problema de que no se extienda la tecnología de autoconducción a las líneas aéreas comerciales sigue una lógica de mercado: ¿usted subiría a un avión sin piloto? La barrera psicológica, en este caso, es descomunal. Pero la tecnología existe. Una duda que me queda, y que no he sabido resolver hasta el momento es por qué motivos las autoridades de tráfico aéreo no toman el control desde tierra de aviones con comportamiento anómalo o que no respondan a las órdenes de los controladores (por ejemplo, en el caso de secuestro terrorista). Técnicamente, es posible. Si alguien lo sabe, quizá nos pueda desvelar esa duda…

Y, ¿cómo puede sostenerse un modelo de servicio con líneas aéreas que transportan pasajeros por un euro? ¿Dónde está el negocio? Evidentemente, no está en los beneficios generados directamente por los pasajeros. Normalmente, el grueso de ingresos de esas líneas provienen de ayudas públicas en destino: las autoridades de los países de destino está muy interesadas en atraer unos cuantos centenares de miles de turistas a la zona. Por ello, establecen convenios con las líneas aéreas de “bajo coste”, que reciben aportaciones económicas suplementarias para conseguir esos objetivos. Un millón de euros, por ejemplo, por cada 10.000 pasajeros transportados. Por eso, para cumplir objetivos, al final regalan billetes de avión. Es un caso de innovación en la formación de precios (o en el modelo de negocio).

Vayamos con los coches: ¿es peligroso un vehículo autoconducido? Por supuesto, lo es, pero el grueso de la I+D estratégica de las compañías que ofrezcan sistemas de autoconducción irá a resolver ese problema. Además, como ya se ha dicho en múltiples ocasiones, no tendremos algoritmos de 90 años al volante. Ni algoritmos distraídos mirando su móvil. Ni algoritmos alcohólicos. Por otro lado, debemos pensar en clave de “sistema”: cada vehículo no será un electrón libre orbitando por las calles. Estará conectado electrónicamente, con sistemas redundantes, a todo su entorno y al resto de vehículos, en un modelo similar al del tráfico aéreo. 

¿Y, por dónde empezará la transformación del modelo de movilidad? Posiblemente por zonas urbanas. Quizá llegue un día en que el Ayuntamiento de Barcelona, o de Madrid, o de Hong Kong, licite todo su sistema de tráfico urbano a alguna gran compañía proveedora de servicios de movilidad. Podría ser Volkswagen. O quizá Tesla. O, a lo mejor, Google. Quizá en algún momento, 10.000 vehículos eléctricos Google autoconducidos (robotaxis) serán los únicos que circulen por Barcelona. Y los habitantes de Barcelona podrán escoger entre comprarse un automóvil propio, por unos 30.000 €, sabiendo que la utilización media de un vehículo es del 4% de su tiempo y que, además, tendrá serias restricciones de circulación en zona urbana; o abonarse a un servicio que por 30 € mensuales le ofrecerá un forfait completo de movilidad, con el compromiso de que usted tenga un vehículo a su disposición, en cualquier punto de Barcelona, en 60 segundos (si no, le bonificarán el retardo). El producto (el automóvil) se convertirá en servicio (como en el caso de los aviones). 

Claro que, el licitador de la movilidad de Barcelona (o de Nueva York, o de Shanghái) podría ser también... ¡Amazon! ¿Por qué no? Al fin y al cabo, probablemente antes de extender los servicios de movilidad autoconducida para humanos, éstos se probarán en contextos de tráfico de mercancías. Y, ¿quién mejor que Amazon para generar una primera flota de camiones de transporte sin conductor, donde probar y perfeccionar la tecnología, para luego atacar el mercado masivo? ¿Veremos Barcelona poblada por 10.000 coches inteligentes Amazon transportando individuos (no paquetes) arriba y abajo? ¿Será Amazon el líder de la movilidad urbana? ¿Desbancará Amazon a Volkswagen o a General Motors? ¿Será el transporte de paquetes el gran campo de experimentación de la futura movilidad personal autoconducida? ¿Será Amazon el líder futuro del sector del automóvil? En el mundo de las plataformas digitales, todo es posible.

16 de abril de 2017

EMPRENDIMIENTO DIGITAL

Según la consultora Accenture, 10 millones de puestos de trabajo pueden ser creados en los próximos años por jóvenes emprendedores operando en tecnologías digitales en las economías avanzadas (ver informe aquí). Los entornos ideales para hacerlo son los vibrantes ecosistemas conformados por nuevas generaciones de nativos digitales, nacidos con visión global ("born global"), trabajando en contacto directo con empresas tecnológicas, universidades, centros de investigación y fondos de capital riesgo financiero. Barcelona ha construido un ecosistema como este, que pivota alrededor de dos instituciones de referencia: la Mobile World Capital, organizadora del Mobile World Congress (la mayor exposición de tecnología e innovación digital del planeta), y Barcelona Tech City (uno de los mayores clústeres -concentraciones de empresas y agentes relacionados- digitales de Europa).

La transformación digital afecta a la totalidad de los sectores de la economía. Una docena de nuevas tecnologías digitales está emergiendo y cambiando las reglas de juego de la práctica totalidad de sectores económicos. Big data, inteligencia artificial, impresión 3D, internet de las cosas, o blockchain, entre otros, transforman los modelos de negocio y ofrecen infinitas posibilidades de creación de nuevas empresas con potencial disruptivo.

Sin embargo, como el propio informe de Accenture apunta, para desarrollar una dinámica de crecimiento económico basada en la nueva economía digital, y aprovechar las oportunidades que ésta ofrece, hay que desarrollar el talento necesario. Talento que no requerirá las capacidades que eran imprescindibles para trabajar en los antiguos entornos industriales, bajo paradigmas de estabilidad y producción en masa. En el futuro inmediato, como recomienda el World Economic Forum (ver aquí), las capacidades principales serán la resolución de problemas complejos, el pensamiento crítico, y la creatividad.

Para afrontar estos retos, la Universidad de Vic- Universidad Central de Cataluña ofrecerá un nuevo Grado Universitario en Emprendimiento Digital orientado a formar a los nuevos emprendedores digitales. Un Grado de 3 años, estructurado sobre continuos proyectos reales de emprendimiento digital según metodologías avanzadas de aprendizaje basado en problemas. En el Grado se darán los contenidos necesarios en estrategia, marketing, finanzas, dirección de operaciones, gestión del talento, tecnología digital y diseño gráfico para que el alumno complete su formación con la creación de su proyecto real de empresa. Los alumnos saldrán con su propia start-up en la mochila, lista para iniciar las primeras rondas de financiación. El Grado se impartirá en el Campus de Granollers de la UVic-UCC, en las instalaciones de un centro de emprendimiento real.

El Grado seguirá nuestro decálogo metodológico propio, ya utilizado en el resto de grados de la Facultad de Empresa, bautizado como "Live Creativity":

1. Las clases magistrales no superarán nunca los 30 minutos. El profesor es un facilitador y un coach, más que un transmisor de información unidireccional.
2. Los alumnos trabajarán en equipo, fomentando las dinámicas "coopetitivas" (cooperación + competición)
3. Cada asignatura contemplará lectura y revisión crítica de libros de actualidad y de últimas tendencias del objeto del estudio.
4. Cada asignatura incorporará, significativamente, seminarios impartidos por profesionales en activo.
5. Cada asignatura incorporará, significativamente, el trabajo a través de casos prácticos y metodología de simulación.
6. Cada asignatura incorporará salidas externas de estudio de casos reales ("field trips").
7. Se utilizarán metodologías cooperativas para construir los marcos teóricos. Los alumnos buscarán la información, que será integrada en el aula ( "flipped learning").
8. Cada asignatura incorporará un mínimo de una actividad de investigación por equipo de trabajo, potenciando el espíritu crítico, con el fin de experimentar el método científico.
9. Las sesiones de trabajo en equipo se desarrollarán preferentemente en el Live Creativity Lab, con uso activo de material digital y audiovisual de apoyo.
10. Se fomentará la multidisciplinariedad, la multiculturalidad y el trabajo en equipos multiasignatura.

Como aperitivo, junto con 4YFN, la plataforma de emprendimiento digital de la Mobile World Capital, estamos organizando una semana intensiva de creación de empresas digitales para jóvenes preuniversitarios, en Vic (16-22 de julio)

Para más info: xavier.ferras@uvic.cat

8 de abril de 2017

¿Y QUIÉN PAGA LA FIESTA?

A consecuencia del artículo publicado en La Vanguardia la pasada semana sobre Renta Básica Universal, he recibido gran cantidad de e-mails y de comentarios. La mayor parte, de interés. Algunos, de escepticismo. La gran pregunta de los escépticos es: ¿y quién paga la fiesta?

La misma pregunta se la podría haber hecho un campesino medieval si alguien le hubiera hablado algún día de educación o sanidad universal; o un obrero de la industria algodonera de finales del siglo XIX si hubiera oído hablar de jubilación. ¿Y de dónde salen los recursos? Tendemos a imaginar el futuro con las condiciones de contorno y las restricciones del pasado. Recordemos que estamos hablando de la inmersión en un nuevo paradigma, en el cual justo estamos entrando. Un paradigma, el de la tecnificación digital masiva que, a diferencia del de la producción en masa de Henry Ford, dispara la productividad pero no crea empleo en masa.

Recordemos que una Renta Básica Universal significaría el pago de un cheque mensual e incondicional a cada individuo, que le permita mantenerse sobre el umbral de la pobreza. Pongamos, 1.000 € mensuales. Las preguntas que me llegaron me han hecho imaginar una hoja de ruta para la implementación de la Renta Básica:

1.       ¿Y quién paga la fiesta? En una economía low-cost, nadie. Olvidémoslo. El primer paso es avanzar, ahora sí, hacia una economía hiperproductiva y basada en conocimiento. Primero hay que hacer los deberes. Quizá es el momento de dejar de cantar las excelencias de la ciencia de per se, y empezar de verdad a inyectar conocimiento y tecnología a la economía. Para ello, se requieren políticas masivas de estímulo de la inversión en ciencia y tecnología industrial.
2.       Suponiendo que ya disponemos de una economía dinámica y competitiva basada en innovación (pero probablemente, incapaz de crear suficiente empleo), cabe reformar la fiscalidad, creando un fondo de fiscalidad tecnológica (“que los robots paguen impuestos”). Imaginemos un gobierno que ha apoyado firmemente la creación de start-up’s, el desarrollo tecnológico y la digitalización, y en un momento dado empieza a recoger importantes royalties de los frutos de la tecnología (Israel ha instrumentado ya mecanismos en este sentido). O imaginemos impuestos progresivos sobre aquellas empresas cuyo ratio de beneficio/ empleo sea mayor (las que ganen más dinero con menos empleados). Recordemos que los grandes gigantes digitales hoy tienen ratios de ingresos de casi 2 millones de dólares, y beneficios de casi 300.000 dólares, por empleado, y ese es el modelo de empresa que se está extendiendo y creciendo por todos los nichos de la economía. La economía digital no distribuye riqueza en forma de salarios como sí lo hacía la vieja economía industrial.
3.       Una vez incrementados los ingresos fiscales, especialmente la fiscalidad tecnológica, reformemos en profundidad todas las redes asistenciales. La Renta Básica Universal significaría la eliminación de las infinitas e ineficientes microayudas a la inserción, a la formación, al reciclado de profesionales, etc. Eliminemos también la burocracia relacionada a la gestión de esos subsidios.
4.       Hiperflexibilización del mercado de trabajo, fomentando los empleos part-time, y facilitando al máximo la entrada y salida del mismo. Con una Renta Básica Universal como seguro elemental, se podría plantear el despido libre. Las empresas, así, sería más reconfigurables y adaptativas ante los cambios del entorno, y estarían formadas por los equipos más motivados y productivos.
5.       La Renta Básica Universal significaría la eliminación de los subsidios de desempleo. Su lógica es perversa: son subsidios que se conceden a condición que el individuo no tenga ingresos, incentivándolo precisamente a no tenerlos para no perder los subsidios. Se frena la iniciativa y el emprendimiento, y se queda cautivo de este tipo de ayudas. También substituiría a las pensiones.
6.       Para mitigar su impacto inicial, la implantación de la Renta Básica Universal podría ser progresiva, y se concedería sólo a adultos a partir de los 18 años.

Inversión en una economía basada en conocimiento, creación de un fondo fiscal sobre la tecnología, eliminación de subsidios ineficientes y substitución de todo lo preexistente por un solo mecanismo de redistribución. No lo veo tan imposible. Sin embargo, todavía surgen dudas razonables. Una de las críticas a la Renta Básica Universal es la posibilidad de que inmediatamente genere un alza inflacionaria de los precios que cree un “nuevo cero”. Podría ser, hay que estudiarlo a fondo, pero como dice Scott Santers, no se trata de fabricar billetes y lanzar unos cuantos millones de euros cada año desde helicópteros. Se trata de redistribuir recursos que ya están en circulación en la economía. Por otro lado, la debilidad de la demanda es tal que ni siquiera las expansiones cuantitativas (con la fabricación de nueva moneda) de la Reserva Federal Americana en los últimos años han generado inflación. Se trata de revitalizar clases medias empobrecidas y sacar de la pobreza a los excluidos. Cosa que, por otra parte, es necesaria para estimular la demanda y que la economía vuelva a entrar en un círculo de crecimiento virtuoso y equilibrado.

El problema más serio, sin embargo, es la necesidad de controlar el efecto llamada y la implantación de la Renta Básica de forma simultánea y bajo acuerdos internacionales. Un gran proyecto transformador e ilusionante, por ejemplo, para la vieja y fragmentada Europa.

¿Y quién paga la fiesta, pues? La fiesta la paga uno de los recursos más abundantes que ha generado la humanidad: la tecnología. La misma tecnología que impulsa la robotización masiva y la pérdida de empleo, a una escala y velocidad las sociedades no pueden soportar. ¿Utopía? Creo que técnicamente es posible. La alternativa al debate la estamos viendo cada día en los medios de comunicación: absurdas fragatas en Gibraltar, tensión entre Rusia y Estados Unidos en Oriente Medio, amenazas de Turquía a Alemania, y atentados en Estocolmo. Un paisaje digno de los años previos a la Primera Guerra Mundial.


(Por cierto, vale la pena leer hoy la entrevista en La Vanguardia al experto en robótica David Wood. Me suena que estamos bastante alineados).

2 de abril de 2017

RENTA BÁSICA UNIVERSAL

Imaginemos que nos ofrecen el equivalente a 1000 € mensuales de por vida, por el simple hecho de ser ciudadanos, e independientemente de nuestras condiciones laborales (tanto si trabajamos como si no). ¿Cómo nos comportaríamos? Este es el principio de la Renta Básica Universal (RBU), un mínimo garantizado que nos permita mantenernos sobre la línea de pobreza, una propuesta de innovación social que empieza a tomar fuerza creciente en el mundo del capitalismo postcrisis. Parece una locura, pero más y más expertos se interesan por el tema, mientras la automatización masiva expulsa millones de personas de sus empleos. 

La economía ortodoxa nos dice que ante un cambio tecnológico que aniquila viejos sectores, el ingenio emprendedor siempre consigue generar fuentes equivalentes de empleo. Ya, pero, ¿y si esto no pasa? La economía no es una ciencia pura. Las leyes económicas no son como la ley de la gravedad. El hecho de que siempre haya pasado no significa que vuelva a pasar. Especialmente ante un escenario de vertiginoso cambio tecnológico. Sólo hay que mirar los recientes datos de cierres masivos de establecimientos comerciales en Estados Unidos. Empresas como The Limited, J.C Penney, Sears, Kmart, Macy’s o Abercrombie están bajando definitivamente las persianas de centenares de sus puntos de venta, en lo que la revista Business Insider ha venido a llamar apocalipsis comercial. Un tercio de las antaño vibrantes grandes superficies comerciales norteamericanas se encuentran en peligro de desmantelamiento, con las implicaciones que ello tiene en la geografía y en la dinámica urbana. Muchas de las grandes marcas de distribución intentan cambiar a la desesperada sus modelos de venta al canal digital, mientras Amazon se convierte en la gran interfaz comercial global. El apocalipsis industrial que vivió Estados Unidos por los efectos de la crisis, la globalización y el cambio tecnológico se ha trasladado ahora al comercio. Las grandes plataformas tecnológicas se expanden a la práctica totalidad de los sectores económicos, y se convierten en las mayores empresas del mundo, desbancando a petroleras, farmacéuticas o automovilísticas. Los cinco gigantes digitales (Apple, Google, Microsoft, Amazon y Facebook), tuvieron en 2016 unos astronómicos ingresos de 1,2 millones de dólares por empleado, unos beneficios de 284.000 dólares por empleado, y una capitalización bursátil de 8,1 millones de dólares por empleado. Mucho dinero y muy poco empleo. El mundo digital es un mundo de unos pocos ganadores. La dinámica que se establece en los mercados digitales es conocida como the winner takes it all, nombre inspirado en la famosa canción homónima de ABBA: todo se lo lleva el ganador. El nuevo escenario económico está dominado por gigantes digitales, con imbatibles economías de escala y de alcance, reconocidas marcas, potentes y ubicuos interfases de llegada al usuario final, acceso a bases de datos masivos y procesos automatizados dirigidos por algoritmos de inteligencia artificial creciente. Eso, y plantas de manufactura pobladas por robots. Los salarios, el principal mecanismo de distribución de riqueza del capitalismo precrisis, están desapareciendo a medida que disminuye la oferta de empleo. Técnicamente, parece posible un mundo donde el trabajo esté reservado a las máquinas, no a los humanos. Pero si no buscamos mecanismos de redistribución del valor, como alertó Thomas Picketty, corremos el riesgo de volver a épocas donde la acumulación del capital en unas pocas manos, y su herencia, determinaban los destinos sociales y las posibilidades de prosperar de los individuos.


Por todo ello, desde los cenáculos de la innovación y la tecnología emerge la idea de la Renta Básica Universal. La extensión de la desigualdad, el estancamiento de los salarios y el empobrecimiento de las clases medias requieren abrir este debate. No se trata de criticar el capitalismo, sistema que nos ha permitido llegar a cotas de desarrollo jamás vistas, y que sigue extrayendo de la pobreza a millones de personas. Se trata de admitir que nos hallamos ante un nuevo y desconocido paradigma. Tampoco es un tema patrimonio de izquierdas o de derechas. Para las izquierdas, la RBU sería el mecanismo final de erradicación de la pobreza. Para las derechas, una oportunidad de dotar al individuo de libertad y responsabilidad de autogestión, pues la RBU significaría también el desmantelamiento de costosas e ineficientes redes de asistencia social (el American Enterprise Institute, un poderoso think-tank conservador americano pidió una renta de 13.000 $ anuales para todo americano). Money for nothing. Una renta incondicional a cambio de nada. 

¿Tiene sentido? Los estudios en curso indican que una parte de la población renunciaría a trabajar. Pero, ¿no es esa la parte de población menos productiva, y que ya salta de subsidio en subsidio? Otra parte equivalente, viendo su riesgo reducido, decidiría emprender sus propios negocios, fomentando la innovación y creando empleo. Además, la RBU eliminaría incontables gastos sanitarios, educativos, y sociales asociados a la pobreza y la exclusión. La RBU substituiría pensiones y prestaciones de desempleo. Desaparecerían los incentivos perversos (subsidios sólo a quien no trabaja, incentivándolo a no trabajar). ¿Y si, además, la RBU viniera acompañada de flexibilización del mercado laboral? ¿RBU más despido libre? ¿No tendríamos así economías más competitivas? Hoy, en un escenario repleto de Trumps y Brexits ningún debate debe ser tabú. Sabemos que ahora es imposible, y que los problemas colaterales son muchos. Pero la RBU es algo a contemplar en el horizonte de un mundo de exuberancia tecnológica, empresas hiperproductivas y peligro de retorno a tiempos revolucionarios.

(Publicado originariamente en La Vanguardia, el 02/04/2017)

26 de marzo de 2017

TECNOLOGÍA Y ÉTICA: LA ÚLTIMA FRONTERA

Un vehículo autoconducido se desplaza a toda velocidad a través de una avenida, en una ciudad cualquiera. De repente, se produce un error fatal: algo ha fallado en el sistema de freno. Ante el automóvil, hay un paso de peatones, en el cuál se encuentran una mujer embarazada y un niño. El coche no puede frenar. El procesador y los sistemas de radar del vehículo se hacen una composición de lugar en milésimas de segundo: atropellar fatalmente a los peatones, o desviarse hacia el carril contrario, por donde se acerca otro automóvil. Los algoritmos inteligentes saben que el choque será brutal, y significará la muerte del pasajero. ¿Qué decisión tomará? ¿Atropellar a los peatones o chocar contra el vehículo que se acerca en dirección contraria? La mente humana no tiene tiempo de tomar esa decisión, actúa de forma instintiva. Pero una centésima de segundo es una eternidad para un procesador de última generación: puede decidir entre dos opciones traumáticas. ¿Qué escogerá el software madre: matar a una familia con niños pequeños o matar a su pasajero?

La seguridad en los automóviles autoconducidos será un factor absolutamente crítico (al nivel de la aviación), cada accidente será analizado con precisión y el software de la totalidad del parque autoconducido se actualizará y mejorará con cada incidencia. Millones de dólares en seguros estarán en juego. Pero, por primera vez, quizá en la historia de la humanidad, una máquina deberá tomar decisiones de vida o muerte sobre humanos. La nueva frontera de la tecnología es también la nueva frontera de la ética. ¿Qué principios deben guiar las decisiones de la inteligencia artificial? He aquí un debate que dará para larguísimos ensayos en los próximos años.

Source: MIT Moral Machine, en WEF
Las implicaciones éticas de las nuevas tecnologías van mucho más allá de los vehículos autoconducidos. Google o Facebook pueden trazar perfiles psicológicos precisos de todos nosotros ¿Qué uso harán? ¿Se pueden utilizar redes sociales, de uso masivo, para influir en el resultado de unas elecciones? ¿Se puede predecir el resultado de unas elecciones usando big data a partir de los comentarios masivos de votantes en los días previos, en las redes sociales? Y, si se puede, ¿una gran corporación digital puede también intentar cambiarlos mediante acciones específicas en dichas redes?

Hace ya tiempo que se está hablando de las implicaciones económicas y éticas de la revolución genómica: ¿quién más interesado que nuestra compañía de seguros, en conocer nuestro código genético y saber las probabilidades que tenemos de contraer un cáncer en los próximos años – con el incremento de la prima que esta información comportaría en nuestro seguro de vida? ¿Podemos programar a nuestros bebés activando los genes precisos para que tengan un coeficiente de inteligencia de 150?

¿Y qué tal con los drones? ¿Nos gustaría ver un dron sobrevolando nuestro apartamento equipado con una máquina de vídeo, junto a la ventana, mientras nos duchamos? O, ¿nos gustaría ver a nuestro hijo de 8 años estableciendo una animada conversación con un bot digital, con expresión facial indistinguible al de una angelical joven a través de su iPad, como los inquetantes chatbots de la startup Soul Machines? ¿Qué le estará explicando? ¿De qué habla mi hijo con un robot?

Y, si los sistemas de inteligencia artificial siguen progresando en su capacidad de interacción con el entorno, de interpretación de datos y de generación de resultados, ¿podría un algoritmo inteligente, por ejemplo, registrar una patente a su nombre? ¿Podría detectar una oportunidad de negocio y reclamar derechos sobre la misma? ¿Podría un robot ser emprendedor? Al fin y al cabo, una sociedad mercantil es una entelequia jurídica ficticia, propietaria de bienes y responsable de actos ante la ley. ¿Podría tener forma jurídica, propiedades y responsabilidades, un robot?

Creo que las tres leyes de Asimov (un robot no puede herir a un humano, un robot debe obedecer a los humanos, y un robot debe proteger su existencia mientras esto no suponga violar alguna de las dos primeras leyes) se nos van a quedar muy cortas ante la inmensa casuística y los apasionantes dilemas morales a los que nos está llevando la era de las tecnologías exponenciales.


(Para más info, ver The Moral Dilemmas of the Fourth Industrial Revolution, del World Economic Forum)

19 de marzo de 2017

TECNOLOGÍA Y DESIGUALDAD: THE WINNER TAKES IT ALL

El 21 de julio de 1980 llegó a los mercados el álbum Super Trouper, del grupo musical sueco ABBA. Su primera canción era una preciosa balada, The Winner Takes it All (“El ganador se lo queda todo”), que relataba la dolorosa experiencia de una separación, cantada con la inolvidable voz de  Agnetha Fältsokg. El título se ha utilizado posteriormente para describir, en economía, aquéllas dinámicas en que el equilibrio final pasa por una concentración de valor en un solo agente económico. Los mejores jugadores en ese juego son capaces de obtener los mayores retornos, dejando al resto en posiciones meramente residuales. Un primer ejemplo se dio en los 80, cuando IBM decidió abrir su estándar de ordenador personal. En un agresivo movimiento estratégico, IBM permitió a otros fabricantes copiar su tecnología original. Miles de proveedores de bajo coste (“clónicos”) invadieron el mercado. Dada la necesidad de compatibilidad entre ordenadores, y la accesibilidad del estándar IBM PC, éste se convirtió en el modelo dominante durante casi dos décadas, con cuotas de mercado cercanas al 95%. Apple, uno de sus principales competidores, se quedó con un residual 2%. Las compañías digitales, como Facebook o Snapchat tienen potentes efectos de red: a mayor número de usuarios, mayor incentivo para el enésimo usuario a conectarse a la empresa de referencia, dejando poco espacio a competidores. Los fuertes efectos de red crean monopolios naturales. El mundo start-up es así: the winner takes it all.

El problema es que la nueva economía digital, en su integridad, se está convirtiendo en un juego “the-winner-takes-it-all”.  Silicon Valley es el paradigma de esta dinámica. El salario medio en el Valley es de 94.000 $ anuales., muy por encima de la media en EEEUU (53.000 $). Pero más del 30% de los empleos son retribuidos a menos de 16 $ por hora, por debajo de lo que es necesario para mantener una familia en una zona, además, con un muy elevado coste de la vida. Según MIT Technology Review, en el centro de Palo Alto, casi cada banco público está habitado por homeless excluidos del sistema.

Los economistas alertan desde hace tiempo de que los salarios, ajustados por la inflación, se han mantenido estables o han decrecido desde 1970. Thomas Picketty analizó la extensión  de la desigualdad en su magistral Capital in the Twenty-First Century. Sus investigaciones llegaron a la conclusión que la desigualdad en la distribución de salarios en EEUU es hoy “probablemente superior que en cualquier otra sociedad, en cualquier momento de la Historia, en cualquier lugar del mundo”. La mayor parte del 0,1 % de profesionales con mayores rentas son “supermanagers”, altos ejecutivos con salarios desorbitantes, muchos de los cuales trabajan en empresas que crecen (“se escalan”, en el lenguaje startup) sin necesidad de crear empleo. Desaparece así el principal mecanismo de distribución de la riqueza del capitalismo precrisis: los salarios. Pero existe otro problema mayor: la práctica totalidad del valor generado por el incremento de productividad debido al cambio tecnológico no revierte en salarios (sean éstos iguales o desiguales), sino en rentas de capital (retribución a los accionistas). Nuevamente, aparece el esquema “the winner takes it all”: quien tiene capital inversor, invierte e incrementa su capital. Quien no lo tiene, con cada vez menores posibilidades de prosperar por rentas del trabajo, queda marginado en el sistema. Picketty alerta de un sistema donde la acumulación de capital, y la herencia del mismo determina (como en la Edad Media) los destinos sociales y la posibilidad de prosperar de los individuos.

Todavía creemos en un mundo donde nuestro talento, habilidades y educación nos permiten prosperar. Pero parece que la evidencia económica nos está llevando, desafortunadamente, a otro escenario. El gran reto del futuro, como comenta Guillermo Dorronsoro en su último post, “no es hacer máquinas cada vez más inteligentes, sino conseguir que esas máquinas sirvan a todos, no sólo a unos pocos”.


Mientras, los fabricantes de robots siguen con espectaculares avances. Mirad este increíble vídeo de Boston Dynamics. Por cierto, alguien que entiende mucho del tema me ha comentado que los mejores rendimientos en bolsa los dan, precisamente, empresas de robótica ;-)



10 de marzo de 2017

TRANSFORMACIÓN DIGITAL

¿Es la “transformación digital” el último buzzword de la innovación (palabreja de moda sin sentido)? ¿De qué hablamos cuando hablamos de “transformación digital”? Hace tres décadas irrumpieron los primeros sistemas informáticos de control de la producción (MES, Manufacturing Executing Systems), sistemas electrónicos que permitían la planificación de la producción y la trazabilidad de stocks en las plantas industriales. Las máquinas empezaban a estar gobernadas por computadores. La extensión de los sensores y autómatas programables informatizó los procesos industriales. Fue el inicio de la transformación digital de la empresa.

Pronto se extendió el control digital a capas superiores de gestión: calidad, mantenimiento, y finalmente planificación financiera, compras, y recursos humanos. Era la época de los ERPs (Enterprise Resource Planning): la globalidad de la gestión productiva y financiera de la compañía se visualizaba a través de pantallas de PC. Empresas como SAP u Oracle crearon referentes de buenas prácticas en gestión informatizada, y las pequeñas y medianas empresas se lanzaron a una carrera de incorporación de paquetes ERP para afinar la totalidad de sus procesos de gestión. Los CRM (Customer Relationship Management) completaron la arquitectura de los sistemas de información corporativos por el flanco del cliente. El CRM permitía una correcta segmentación, interpretación y fidelización de los mercados, mejorando la efectividad del márketing. Todos los procesos de negocio habían incorporado sistemas de información. Estábamos a final de los 90.

Internet, y  la burbuja dotcom engulló el boom de la informatización empresarial: la transformación digital  se extendió a la cadena de suministro durante los 2000, época en la cual emergió con fuerza inusitada el concepto de innovación en management. La innovación, a su vez, se tragó a internet, que se convirtió en un instrumento para generar nuevos modelos de negocio. Los originales gurús de internet se convirtieron en gurús de innovación. Los nuevos tiempos exigían la sincronización de los equipos de I+D de clientes y proveedores, con lo cual se integraron, en una vuelta de tuerca informática más, los sistemas digitalesde soporte a la I+D, bajo el nuevo paradigma de innovación abierta.

Pero hoy la transformación digital es mucho más que la incorporación de nuevas estructuras de soporte digitales a los procesos de negocio, sean cerrados (en el interior de la empresa) o abiertos a terceros. Tampoco es sólo la apertura de nuevos canales digitales de venta. La transformación hoy va de absorción estratégica de nuevas tecnologías disruptivas, todas ellas de base digital. Y es que la digitalización del mundo ha generado un fenómeno inusual: ha acelerado exponencialmente el desarrollo de nuevas tecnologías, y todas ellas llegan simultáneamente con una potencia sin precedente. La transformación digital es el resultado de la absorción, interpretación, implementación e institucionalización de este conjunto de tecnologías digitales. Entre ellas, Big Data (el tratamiento de los flujos masivos de información disponibles hoy a raíz, precisamente de la revolución digital, flujos que provienen de datos corporativos, datos de mercado, datos institucionales y redes sociales), Internet of Things (la evolución hacia un mundo de conectividad total: todo objeto estará conectado y en comunicación con el resto de objetos, evolucionando hacia lógicas e inteligencias sistémicas, no individuales), 3D-Printing (la posibilidad de imprimir, mediante tecnologías aditivas, cualquier objeto en cualquier punto, con customización total del mismo), robótica e inteligencia artificial (the next big thing: máquinas capaces de capturar datos del entorno –incluso entender voz natural o textos escritos-, procesar la información, extraer patrones, predecir eventos, tomar decisiones, dar instrucciones a otros sistemas, responder en voz natural, y aprender de sí mismas).

La aplicación combinada de estas tecnologías en la industria ha generado el nuevo paradigma de Industria 4.0: un modelo industrial capaz de competir a la vez en coste (con las ventajas de la producción en masa) y en flexibilidad (personalizando el producto), cosa incompatible hasta hace pocos años. Un modelo capaz de incrementar de forma sostenida su productividad mediante autoaprendizaje. Un modelo industrial dirigido por datos, eficiente y sostenible medioambientalmente.


¿Existen metodologías de transformación digital? ¿Se puede sistematizar la transformación digital de la empresa? Efectivamente, se puede evaluar sistemáticamente cómo aplicar cada una de estas tecnologías transformadoras a cada proceso de negocio, a producto, a experiencia de consumidor o a los mecanismos de comunicación y márketing empresariales. Se puede también explorar cómo generar nuevos modelos de negocio sinérgicos con el core business (o no) en base a esas tecnologías disruptivas. Se puede (y se debe) planificar la transición y diseñar el ecosistema que nos acompañará en este viaje. Existen metodologías que nos permiten implementar la transformación digital con eficiencia, viejas conocidas en el mundo de la innovación: design thinking, canvas, lean start-up, open innovation y blue ocean. Todas ellas aplicadas al enorme reto que tenemos por delante: convertir nuestras viejas corporaciones en nuevos fórmula 1 digitales preparados para competir en el mundo conectado de la hipervelocidad, de los datos masivos y de la inteligencia electrónica.

4 de marzo de 2017

REGIONAL COMPETITIVENESS INDEX 2016

Estos días se ha publicado el Regional Competitiveness Index 2016, el índice trienal que mide la competitividad de las regiones europeas a partir de un conjunto de indicadores básicos (calidad de las instituciones, estabilidad macroeconómica, infraestructuras, sanidad y educación básica), eficiencia (tamaño de los mercados, comportamiento del mercado de trabajo y calidad de la educación superior), e innovación (capacidad tecnológica y sofisticación empresarial). El resultado muestra la potencia y arrastre de las zonas urbanas e industriales de los países del norte europeo, y la fuerza con que estos entornos salen de la crisis.


Los líderes europeos mejoran substancialmente: 18 de las 38 regiones alemanas incrementan su competitividad respecto a 2010, mientras que las 20 restantes mantienen las posiciones que ya tenían entonces. Aun así, en el último trienio la fuerza competitiva de Alemania se ha reducido ligeramente: 4 de sus regiones pierden posiciones respecto a 2013. Claro que la salida de la crisis fue espectacular: en 2013 sólo 5 lander mantenían sus posiciones respecto a 2010. 34 habían ascendido en el ránking. Alemania implanta su Industria 4.0 y mejora su economía a velocidad de crucero.

En Francia,  12 de sus regiones progresan positivamente respecto a 2013, mientras que 14 se mantienen y sólo una desciende (aunque se trata de Guayana, fuera del espacio europeo). 13 de sus regiones también ascienden en el ránking respecto a 2010, y ninguna retrocede en ese lapso post-crisis. En Reino Unido, 4 regiones ascienden respecto a 2013, y 33 se mantienen. Desde 2010, son 13 regiones las que ascienden en la clasificación, mientras 24 se mantienen y ninguna retrocede. Portugal muestra un comportamiento digno: aunque Azores desciende en el ránking respecto a 2013 (donde 7 regiones se mantienen), 3 de ellas experimentan un ascenso respecto a 2010. Tengo la impresión de que Portugal está haciendo los deberes. El excelente nivel de inglés de algunos alumnos portugueses me lo confirma.

En España, 16 de 17 Comunidades Autónomas se mantienen en posiciones similares desde 2013. Aunque desde 2010, son cuatro las Comunidades que pierden posiciones: Catalunya, Valencia, Andalucía y Murcia. Sólo cuatro de las 17 mejoran su posición respecto a 2010: Ceuta, Melilla, Cantabria y La Rioja. Resultados más que modestos. Claro que siempre nos queda el consuelo de mirar a Italia: 11 de sus regiones pierden competitividad respecto a 2010. Sólo 3 ascienden ligeramente (Aosta, Bolzano y Trento). 7 consiguen mantenerse a duras penas.

Catalunya se encuentra en la posición 153 de 263 regiones europeas. Respecto al conjunto de regiones con PIB similar, presenta debilidades en su estabilidad macroeconómica, calidad de la educación superior y de la formación continua, y eficiencia del mercado de trabajo. En 2010, Catalunya ocupaba la posición 103 de 268, muy por encima de la media europea. Hoy estamos ligeramente por debajo. Hemos perdido 50 posiciones en 6 años.

Existe un profundo gap de competitividad y conocimiento en Europa. La línea marcada por los Alpes y el Rhin delimita la frontera de la Europa industrializada y tecnológicamente sofisticada del Norte, que sigue avanzando decididamente hacia la construcción de economías innovadoras, y se prepara para la batalla del liderazgo global con China y (quizá) con Estados Unidos (si Trump deja algo en pie). El nuevo paradigma de Industria 4.0 eclosiona en Alemania y Austria. Dinamarca, Suecia y Finlandia consiguen cimentar países ricos, socialmente equilibrados y basados en conocimiento. Francia quiere sumarse. Y el Reino Unido construye una ambiciosa estrategia industrial post-Brexit.


Hay que recuperar el tiempo perdido, preocuparnos de verdad por la construcción de una economía capaz de competir en el mundo global y empezar a preguntar a nuestros líderes políticos cuándo vamos a vernos en posiciones razonables en los ránkings de competitividad. Pedirles que nos expliquen exactamente en qué momento cruzaremos la barrera del 3% de inversión en I+D sobre PIB, objetivo marcado para 2020. Deberían saberlo. En 2010 deberíamos haber estado ya en el 2%, hoy Catalunya está en el 1,50% y España en el 1,24. Habría que preguntarles con qué políticas, con qué presupuestos, con qué lógicas, con qué indicadores y con qué efectos multiplicadores vamos a llegar. Si dejamos que el mercado, espontáneamente, nos haga ganar competitividad, el inmenso gap europeo no hará más que profundizarse.